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ENSAYO
SOBRE MONOGRAFÍA DE SABANALARGA
La arqueología ha sido la principal fuente para el conocimiento de
la prehistoria americana, pero para la región que hoy ocupa el
Departamento del Atlántico, puede asegurarse que nada nos ha dicho
todavía. No conocemos concretamente las costumbres generales de
nuestros antepasados los indígenas de esta región .
La tradición, que es otra fuente que nos puede llevar al
conocimiento de lo desconocido, no obstante que muchas veces tuerce
el curso de la historia, apenas tímidamente se atreve a levantar el
vuelo que cubre la existencia de nuestros antepasados; así que,
sólo a ella nos atendremos en el presente ensayo.
En toda esta comarca sólo dieron muestra de ser dignos
descendientes de los indómitos caribes, los malambos y los
turbacos; otras tribus como los pihones o cipacuas recibieron a don
Pedro de Heredia con gran placidez y hasta ayudaban a este en la
conquista de los demás pueblos que pudieran resistir. No sabemos si
en lo que es hoy Sabanalarga hubo cacicazgos, o si sus habitantes
eran habitantes del Piohón (Piojo) , o del cacique Chacurí, que
dependía de aquél. Más que probable en su dependencia de Piohón,
pues éste dominaba por el oeste hasta el mar, por el norte hasta
los dominios de los cipacuas, por el este es probable que llegara
hasta los malambos, por el sur hasta la ciénaga del Guajaro, en
donde tenían un adoratorio. En todas las religiones indígenas fue
el agua elemento indispensable para su origen y funcionamiento: el
lago Texcoco para los Aztecas, el Tequendama para los Chibchas, el
lago Titicaca para los Nezcas: asimismo para nuestros indios fue la
Cienaga del Guajaro. En un lugar de sus orillas todavía existe una
gran peña o piedra, la cual servia de mesa para los sacrificios. En
determinadas épocas, allí era el lugar de cita a la cual asistían
las tribus cercanas y aún bastante lejanas, y en esas reuniones
deliberaban sobre sus asuntos internos y se hacían transacciones de
trueque. Más tarde los pescadores fundaron la población hoy
llamada la Peña.
Después de la pesca, la agricultura y la caza, industrias naturales
para vivir, no se tiene noticias de que se valieran de alguna otra
que llenara la s necesidades del trueque con las tribus comarcanas.
Sin embargo, deja suponer que hubiera, el hecho de que careciendo la
región costanera de esos departamentos de minas de metales
preciosos, fueran tan abundantes los objetos fabricados con estos
metales, como lo prueba el reparto del botín hecho por don Pedro de
Heredia en su expedición en lo que hoy es Departamento del
Atlántico, el cual fue considerado como uno de los mayores
obtenidos en toda la América: Millón y medio de ducados de oro.
En ninguna parte se ha logrado conseguir las famosas guacas del
finzenú, ni siquiera en menor escala, y solo en algunas partes la
erosión de la tierra ha presentado modestas ollas y mucuras o
botijas llenas de arena y residuos de baratijas de las traídas
posteriormente por los Españoles.
Nada concreto se sabe sobre la fundación de Sabanalarga; la
tradición la remonta hacia el siglo XVII. Se ha venido hablando de
siete campesinos: Lucas y Dionisio Tesillo, Marcelino de Jesús,
Diego de Almansa, Placido Ortega, Joaquín Figueroa y Carlos Orozco,
quienes establecieron sus predios en estos lugares por demás
feraces, apenas por rozar, y cuyos apellidos es cierto que todavía
subsisten en el lugar. Empero de donde vinieron esos campesinos?
Algunas versiones aseguran que ellos primero sentaron plaza en La
Cruz Grande, lugar ubicado en el camino real de Cartagena a cinco
Kilómetros de esta ciudad, entre las encomiendas reales de San
Jacinto y Maná, pertenecientes, la primera al Dr. José María del
Real, y la segunda a don Bruno de Cueto, Vecinos ambos de Cartagena.
En ese lugar que mas tarde fue posesión del señor Eudoro García,
se veían restos de antiguas viviendas, consumidas por el fuego de
las quemas, a ras del suelo. Ni nada de raro tenían estos
establecimientos, pues ellos se encontraban en la vía que
comunicaba a Cartagena con los pueblos ya establecidos a orillas del
río.
Continuando tradiciones o leyendas sabemos que las primeras
habitaciones fueron construidas en lo que hoy es avenida Bolívar,
en donde hace esquina con la calle Antonio Nariño, antes Hatillo.
Como en todo pueblo que comienza, se notan irregularidades
peculiares: la calle se formó en forma de plaza y de oriente a
occidente; la cuadra que sirvió de foco o centro, los callejones
que la circundan no tienen salida, pues se cierran en ángulo recto.
Estos callejones, hoy deshabitados, tuvieron hasta principio del
presente siglo, no menos de diez casas. En lo que hoy es la casa de
Francisca Cepeda existió un pequeño hato de ganado, y como
consecuencia, la calle que ya tomó la dirección de Norte a sur,
recibió el nombre de EL HATILLO.
La población se extendió rápidamente hacia el sur. Los habitantes
de los pueblos vecinos atraídos por la fertilidad de sus tierras,
sus selvas vírgenes y pastos naturales, acudieron a formar en ella
sus domicilios y así contribuyeron a hacer la población más
importante de la región. Campo de la Cruz y Santo Tomás,
poblaciones más antiguas, habían sido consideradas por el gobierno
colonial como cabeceras del cantón, pero por el crecimiento y
adelanto de nuestra población, el mismo gobierno segregó a
Sabanalarga del cantón de Campo de la Cruz, y creó el Cantón de
Sabanalarga, con cabecera en esta población, el 15 de Junio de
1744.
Sabanalarga , empezó a formarse en la época de la colonia en el
año de 1620, la fundación definitiva la hizo Francisco Pérez de
Vargas el 26 de enero de 1744, fecha en que comunicó al virrey
Sebastián de Eslava tal acontecimiento no se siguieron las
ritualidades acostumbradas en el periodo de la conquista ni cosa
parecida. Únicamente hubo una perentoria orden oficial para que los
vecinos, determinado día y a determinada hora, se presentaran
provistos de su herramienta para despejar el campo en que se
levantaría las viviendas, la iglesia, y probablemente la cárcel.
El número de padres de familia o vecinos con que se hizo la
definitiva fundación fue de ciento ochenta y seis (186) en 1777,
según el censo de Juan García Turín, en la cabecera de la
Parroquia de Sabanalarga había 1.635 personas viviendo en 241
casas, el primer alcalde fue Agustín Cornelio Cabarcas Hernández.
Durante el siglo XIX continuó aumentando en importancia hasta
competir con Soledad, que por su posición a orillas del río, era
punto de escala para el comercio interior. En ambas poblaciones
surgieron ya distinguidas familias social y económicamente, cuyos
descendientes son hoy personas de gran estimación. Barranquilla ya
se levantaba, y su posición geográfica, la mejor entrada para las
embarcaciones ( Champanes ), la cercanía al mar por los caños y
Cienaga de Sabanilla hasta Cupino, hicieron que el comercio buscara
estas facilidades, abandonando en parte su concurrencia a Soledad.
Parece que años mas tarde, el asesinato colectivo de un extranjero
en virtud de un erróneo fanatismo Religioso, hizo desconfiados a
los que ya estaban establecidos en Soledad y todos pasaron sus
negocios a Barranquilla con perjuicio de la primera y en beneficio
de la segunda. En tanto Sabanalarga ya se convirtió en el granero
de las dos poblaciones, aunque su provisión de mercancías la hacia
mas bien en Cartagena, pues aquellos puertos todavía carecían de
la introducción de que ésta gozaba.
Puede asegurarse que contando desde la imprecisa fecha de su
fundación hasta los fines del siglo XVIII, esta ciudad no dió
marcada señales de inclinaciones culturales. Por documentos
antiguos se averigua que personas y familias de alto linaje y
merecidos títulos, ya españoles, ya descendientes de éstos,
formaban núcleo considerable para hacer de la población lugar
propicio para el trabajo y aumento de sus intereses. Natural es que
hubiera entre ellos personas mas o menos ilustradas, teniendo
siempre en cuenta el medio colonial en que se debatían los
estudios, ya que poco o nada se preocupo el gobierno de España en
su profusión. La mujer de esa época a duras penas sabia garabatear
su nombre y conocer el abecedario.
Entre las familias existentes hoy en Sabanalarga, se sabe que las de
mayor antigüedad han sido la de los Manotas y la de los Ahumada.
Desde principios del siglo XVIII, ya estaba establecido en el lugar
Pedro Antonio Manotas, Español, o inmediato descendiente de
conquistadores de este apellido. Por documentos de esa época, los
cuales reposan en los archivos de Cartagena, se sabe que era persona
culta y con bienes de fortuna. Tuvo la genialidad de fundar una
capellanía a base de tierras cercanas a la población, la cual
debía ser administrada por aquellos de sus descendientes que
recibieran ordenes sacerdotales, y a falta de éstos, por los que se
encontrarán en perpetuo celibato. Los productos de la
administración debían ser empleados en el pago de las misas para
la salvación del alma del fundador. En distintas épocas fueron
administradores, primero el padre Manotas y más tarde el padre
Julián José Pertuz, ambos descendientes del fundador. Esto
demuestra al mismo tiempo la importancia que tenía ya esta familia,
pues en esos tiempos la democracia no había alcanzado los fueros de
las ordenes sacerdotales. Hace setenta años poco más o menos
(1884), fue dicha capellanía motivo de ruidoso pleito entre
descendientes solteros del citado Manotas.
En esta situación de cultura provinciana encontró a Sabanalarga el
siglo XIX. Al presentarse la guerra por la independencia ya era un
pueblo preparado que no vaciló en decidirse por la causa de la
libertad y presto su contingente humano en diversas ocasiones en que
la fluctuación de la guerra lo permitía.
Con la toma del castillo de sabanilla, por Montilla, Brión y
Padilla después del desastre de Riohacha, en el año 1820, Soledad,
Barranquilla y Sabanalarga, se levantaron contra las autoridades
españolas, e hicieron el primer pie de fuerza para apoyar la
invasión independiente. Montilla resolvió atacar a Cartagena por
tierra y por agua y al efecto ordeno al Coronel Garcen, de
nacionalidad francesa, ocupar por esta vía la población de
turbaco; al llegar este a Sabanalarga, ataco y derroto el primer
destacamento español el cual fue a encerrarse dentro de los muros
de Cartagena.
Montilla puso sitio a Cartagena, el cual duro mas de un año tiempo
en que también se verificaba el armisticio. El Libertador aprovecho
la tregua de éste y en viaje rápido viajo por Ocaña y Mompox a
Barranquilla, con el propósito de intensificar la guerra contra
Cartagena y Santa Marta. En 24 de agosto comunicaba o Montilla desde
Barranquilla su salida para el campamento de turbaco y el 26 pasó
por primera vez por Sabanalarga. Diremos de una vez que diez años
mas tarde en 1830, volvió a pasar Bolívar por esta ciudad. El ocho
de mayo de dicho año salió de Bogotá a buscar mejores aires para
restablecer su quebrantada salud; paso en Cartagena hasta septiembre
y en los principios de octubre emprendió viaje a Soledad en sentido
contrario a su primer paso por esta tierra. Recorrió el itinerario
a paso muy lento, haciendo estación en cada pueblo, pues así lo
pedía la gravedad de sus dolencias físicas y morales.
En el fondo del patio de la casa que hoy es de los herederos de don
Rafael Capdevilla había un frondoso tamarindo, al cual se rendía
veneración porque Bolívar decía avía reposado en su sombra de
los ardores de un sol de medio día. Auque éste hecho ha sido
motivo de incertidumbre le da el carácter de verosímil la
circunstancia de que las veces que el libertador estuvo en este
lugar era huésped de un teniente de su ejercito de apellido Terán,
el cual vivía en una casa de corredor hacia la calle, situada en el
lugar en que está el portón de la casa de los herederos de don
Blas Cabarcas, frente a la notaría de don Eudoro García B. Hasta
hace algunos años todavía se notaban los cimientos de tal casa,
afuera de la calle. Directamente de este lugar al tamarindo en
cuestión no alcanza a más de cien metros. Nada de raro tiene pues,
el que siendo tan corta la distancia pudiera ir el Libertador a
respirar el aire fresco que no consiguiera en la casa. El árbol
alcanzó a vivir más de cien años después de muerto Bolívar. Con
el tiempo, la tierra le negó cubrir su tronco aunque sus raíces a
manera de los brazos de un pulpo, defendían la existencia de quien
tenía la grandeza de haber cobijado con cariño el mayor genio de
América. El teniente Terán es el ascendiente de las familias
Salazar Terán y Medina Terán que hoy subsisten.
Hay una tradición que por corresponder a las épocas de la
independencia, debemos expresar aquí: allá por el año de 1808 y
siguientes, en Napoleón mañosamente se apoderó de España en el
Palacio de Madrid leyó ésta inscripción en la parte baja de unos
de los retratos de los reyes españoles En mis dominios no se pone
el sol. Y pensó al instante que la ocupación de España traería
como consecuencia el dominio de América.
En estas colonias todo era confusión en los dominios de esa época
las circunstancia anotada y las diferencias vergonzosas entre Carlos
IV y Fernando VII, padre e hijo, disputándose el reino trajeron la
incertidumbre y resultó que había en estas tierras españoles y
criollos, Carlistas y Fernandistas y para colmo hubo amigos de la
ocupación francesa. Napoleón envió al Marqués de Sassenay a
entenderse con los virreyes de Buenos Aires, Chile y Perú y a Mr.
Le Manón a entenderse con las autoridades de Venezuela, Nueva
Granada, Cuba, Puerto rico y Florida, pero en forma secreta envió
emisarios a la América a preparar los ánimos en su favor para el
caso de una ocupación. Hasta aquí la historia, pero asegura la
tradición que a Sabanalarga, población de importancia en la costa
llegó una comisión de Franceses los que reunieron un grupo de
naturales en el antiguo caserón pajizo de la familia Moreno
Consuegra, la cual hoy es de mampostería y la ocupa la familia
Bojanini, y en una especie de fiesta o agasajo expusieron sus
proyectos. En el calor de la fiesta se brindó por Francia, por
Napoleón , por el Mariscal Ney, por la independencia de España.
Con el correr de los tiempos vino lo que se creyó sobrenatural; con
largas intermitencias de tiempo se oían en la casa todos los ruidos
que se produjeron la noche del festín : lo viva a Francia, a
Napoleón, a Ney, a la independencia Americana, el tintineo de
copas, el roce de espuelas en el piso de piedra que tuvo la casa, en
sumo, se repetía en el festín en lo sonoro. Nuestros abuelos
vivieron sorprendidos de éste hecho que creyeron sobrenatural y
murieron con la certeza de que las almas en pena de los oficiales
franceses volvieron a nuestras tierras a repetir sus copas. Si
nuestros antepasados después de un siglo de largo, se levantaran de
su sepulcro su sorpresa seria mayor al encontrarse con el
automóvil, el avión, el telégrafo sin hilos, el teléfono, la
televisión, la radio y tantos y tantos fenómenos que la ciencia ha
arrancado a la naturaleza. Ellos no alcanzaron a comprender que así
como las ondas líquidas de un lago tranquilo, que parten del
centro, por la caída de un cuerpo, llegan a la orilla y se
devuelven al punto de partida, así las ondas sonoras, parten del
lugar de su origen, deambulan por el espacio y vuelven al lugar en
que se produjeron. Si en ese momento la situación atmosférica, la
eléctrica, la magnética y otras circunstancias especiales, es la
misma del momento de la producción sonora, la acústica se repite.
La devolución de las ondas sonoras hacia su centro de partida se
observa claramente al oír una música o sonido fuerte cualquiera en
una dirección determinada. Si en la parte contraria, quedando
nosotros en medio, hay una montaña, un muro alto o algo parecido,
nos parecerá que el sonido viene del lado de la montaña o del
muro, pero esto es efecto de la devolución del sonido al encontrar
la resistencia y tropieza entonces con nuestros oídos; en fin, el
eco, es la vuelta del sonido.
Empero, volvamos a la vida de Sabanalarga. Es indudable que la
fisonomía democrática y civilista de nuestra República hasta los
tiempos presentes, se le debe a Santander, el cual le inculcó,
apenas naciente, las doctrinas constitucionales y por consiguiente
legalistas. Los ocho años de su gobierno en la vicepresidencia,
hicieron mella en el ánimo colectivo de la nación, y Sabanalarga
no escapó a su influencia. Tanto es así que hizo su primer
movimiento de rebeldía cuando se presento el fantasma de la
dictadura, ya fuese la del mismo Bolívar o la de Urdaneta.
En los primeros días del mes de marzo de 1831, se pronunció la
población de Sabanalarga junto con la de Barranquilla y la de
Soledad, a favor del gobierno legitimo de don Joaquín Mosquera,
derrotado por la dictadura de Urdaneta. El general Montilla,
dictatorial ocupaba la plaza de Cartagena y desde allí mando
fuerzas a debelar el movimiento revolucionario y para ello nombro
jefe de la expedición al general Ignacio Luque. Los revolucionarios
partieron de Sabanalarga a tomar mejores posiciones en el camino
real de Cartagena. A 16 kilómetros de Sabanalarga y 2 antes de
llegar al caserío de la Aguada de Pablo encontraron los
revolucionarios, el 20 de febrero, a las fuerzas dictatoriales;
aquellos se hicieron fuertes en las colinas inmediatas y en las
casas de la finca Sans Souci de propiedad del súbdito inglés don
Juan Betts, pero el ejercito del dictador, más numeroso y mejor
armado los venció. Desde entonces ha venido llamándose Zanja de
los liberales la que hay en el lugar a largo trecho del camino y
Ceiba de los liberales la que está sobre el barranco de dicha
zanja.
Este movimiento revolucionario era protegido por distinguidos
legitimistas de Cartagena, y sabido de ello el general Montilla, los
puso presos y los envió a Jamaica; pero el capitán de la goleta
que los conducía los desembarcó en sabanilla y el general Luque
los aprehendió de nuevo. Parece que al general Luque lo
convencieron éstos del error en que estaba, al combatir al gobierno
legitimo, y puestos en libertad, se unieron a los dos batallones que
habían venido y a los revolucionarios de la región y marcharon a
Cartagena con el general Luque como jefe. Este puso sitio a la
ciudad, la cual capituló el 24 de abril.
Se ve pues, que Sabanalarga tuvo parte activa en el levantamiento
contra la primera dictadura y en el triunfo sobre ella.
Inmediatamente después de la independencia aumento Sabanalarga en
auge. Dos años después e la capitulación de Cartagena que dijimos
arriba, el general Francisco de Paula Santander la elevó a la
categoría de Villa Cabecera el 7 de junio de 1833, es decir, algo
menos que ciudad y mucho más que distrito parroquial que venia
siendo desde 1744. Este titulo, por asuntos de administración, ha
sido cambiado por el de Cabecera de Provincia que hoy conserva.
De esta época en adelante puede considerarse como la segunda etapa
de Sabanalarga. Terminada la guerra, los pueblos, cansados de su
inactividad, se empeñaron en la rehabilitación de sus haberes
perdidos por medio del trabajo asiduo. La condición de estar a
cinco leguas del río y diez o doce del mar le imponía no poder ser
sino pueblo agricultor y ganadero y a ello se dedicó con toda la
fuerza que imprime la necesidad. Y hubo enorme cantidad de
plantaciones de tabaco y algodón, cuyos productos se exportaban
para Hamburgo; el tabaco sobre todo se sembraba hasta en los patios
de las casas. La caña de azúcar y sus industrias derivadas
surtían de panela, azúcar parda y mieles a Barranquilla, Soledad,
Santo Tomás y pueblos circunvecinos; las panelas de Gaira y la del
interior llamadas de hojas era una excepción en toda la región;
las mieles a mas de surtir aquellos mercados, abastecían nueve a
diez fabricas de aguardiente en la población, artículo éste de
consumo para toda la región y pueblos del río. Para toda esta
producción era necesaria la existencia de trescientas fincas de
caña pertenecientes a pequeños y grandes productores. Por esta
razón el trabajador de Sabanalarga, nunca tuvo que salir a buscar
el sustento a otras tierras, la fuerza humana no era suficiente para
el cumplimiento del trabajo local. Se cultivo el añil, y el
dividivi se producía espontáneo en nuestras tierras, y ambos eran
un nuevo renglón para la exportación.
La superabundancia de los cultivos trajo como consecuencia la
industria pecuaria. De las sabanas de Bolívar y otros pueblos de
aquel Departamento, el cual formaba entonces uno solo con Atlántico
de hoy, traían partidas de ganado, las que eran vendidas en la
población, y así se convirtió ésta en agro-pecuaria. Hacendados
hubo que alcanzaron a más de mil reses, que para aquella época,
era número crecido. Esta etapa pues, fue la de la abundancia, la
del oro, la de la riqueza colectiva, por que en el lugar no había
pobres, puesto que había trabajo permanente para combatir la
miseria.
Para esa época la sociedad alcanzo gran señorío; sus costumbres
se suavizaban, a la manera de la sociedad Cartagenera que era la
mejor del litoral. Los padres comenzaron a educar sus hijos en el
colegio de San Carlos en Cartagena, pues todavía no existía la
Universidad. Fue entonces cuando el elemento humano foráneo e
importante por distintos aspectos, acudió a formar parte de la
sociedad, la segunda en cultura de toda la región, y formaron sus
hogares con prestantes damas de la localidad.
Uno de los primeros inmigrantes a nuestra tierra fue don Juan Betts,
súbdito inglés, el cual recorrió distintos países europeos, y
así, nacieron algunos de sus hijos en Suiza, otros en Italia y los
últimos en nuestro país. Se dedicó al cultivo de frutos y a la
exportación de ellos a Europa. Fundo una colonia agrícola que el
Llamó Sans Soucí en la que la caña de azúcar y el añil era su
especialidad. Sufrió dos enormes contratiempos en sus últimos
días: el incendio de su casa ( Frente a la que es hoy de don
Raimundo A. Cepeda ) y la muerte de su hijo mayor, estudiante en
Inglaterra.
Don Maximiliano Salazar, Cartagenero fue de los revolucionarios de
aquella ciudad para obtener la independencia. Durante el sitio de
Morillo logró fugarse de la ciudad en una embarcación que lo puso
en una playa de la bahía, llegó herido a Caimán y tomó esta vía
para salvarse de la ferocidad del sitiador. Aquí se estableció sin
dejar de tomar parte en todos los movimientos que se verificaron en
la región. Llegó a tener cuantiosos bienes de fortuna y murió a
los ciento veinte años en pleno conocimiento de sus actos.
Eusebio y Melchor Consuegra, vinieron de Campo de la Cruz, lugar de
importancia en esa época, formaron una familia regularmente
numerosa, pero en ella hubo un número crecido de mujeres y pocos
hombres. Por ese motivo el apellido ha ido extinguiéndose.
Descendientes de ellos fueron los doctores Jacinto y Pedro Mártir
Consuegra, figura nacional éste, por sus dotes de orador y escritos
político. Se llamó La perla de la Costa y fue padre de la notable
escritora Inés Aminta Consuegra, quien fue desterrada por sus
artículos políticos, por un gobernador del Departamento de
Bolívar, y murió en Nueva York. El doctor Consuegra como
diplomático visitó a Europa y llegó a Palestina. De este
apellido, tan sonado a mediados del siglo, se cuentan muy pocos en
esta ciudad; en Campo de la Cruz terminó con la familia Rivera
Consuegra y sólo en Baranoa y Barranquilla quedan algunos
descendientes que lo representen.
Don Miguel María zapata, prócer venezolano, se estableció aquí
después dela guerra de la independencia, formo una familia de
mujeres bellísimas cuya fama perduró. Más tarde se casó en
segundas nupcias.
Don José Vicente Llinás fue teniente de navío del ejercito
español, sitiado por Montilla en Cartagena en el año 1821.
Desempeño papel importante como emisario de paz del Teniente
Coronel José María Olmos para firmar la capitulación de la
guarnición del castillo de Bocachica el 4 de julio de dicho año.
Según los términos de la capitulación los oficiales y soldados
españoles quedaban el libertad de trasladarse a Cuba por cuenta de
la República, o quedarse en el país haciendo juramento de no tomar
las armas ni cometer ninguna hostilidad contra la República. El
Teniente Llinás fue de los últimos. Casó en esta población con
esclarecida dama de la familia Pertuz Ahumada, hermana del recordado
sacerdote Julián José Pertuz, y es el progenitor de una numerosa e
importante familia.
Alejo o Alejandro Bedugo, de Majagual (sucre), hijo de un español
del mismo nombre, agrónomo éste y encomendero de tierras en aquel
lugar y en San Marcos, casó en esta ciudad y fue el ascendiente de
inmediato de Pedro Alcántara Berdugo Álvarez y los hijos de éste
Berdugo Cabarcas.
El doctor Manuel Romay y Campuzano nació en Cartagena de padres
españoles. Cuando se presentó el movimiento revolucionario de 1810
vivía en Santa Marta; en 1811 redactó el manifiesto de
desconocimiento del gobierno que hiciera Remolino, Sitio Nuevo y
Güáimaro (Magdalena), en donde tenía valiosas posesiones. Como la
provincia de Santa Marta fue siempre realista furiosa, las
persecuciones lo hicieron volver a Cartagena. Cuando la
capitulación de la torre en el sitio de Cartagena, Montilla lo
nombre gobernador de la provincia entonces comprendía (Bolívar y
Atlántico). En 1823 fue al congreso; no quiso asistir el 24. En
1831 fue gobernador por segunda vez nombrado por el general Luque,
después de la capitulación de Montilla para poner fin a la
dictadura de Urdaneta. En 1840 volvió por tercera vez a la
gobernación de Cartagena, llamado por sus amigos que combatían la
presidencia de Márquez por inconstitucional, pues éste había
servido la presidencia anterior en su carácter de vicepresidente
por ausencia del general Caicedo ( el Dr. Romay y Campuzano fue
pues, hasta su muerte un patriota decidido y vehemente luchador por
la libertad).
Con el triunfo del gobierno que presidía José Ignacio Márquez,
vinieron para él muchas persecuciones y fue entonces cuando
estableció su hogar en esta ciudad, en la antigua casa que existía
en el lugar en el que está hoy la de don Marcelino Cuentas (actual
Sociedad de Mejoras Públicas). En este lapso se verificó el
matrimonio de su hija Ana con el más tarde célebre repúblico (
1864-1886), doctor Manuel Murillo Toro a quien la familia Romay
había conocido en santa Marta. El historiador Porto del Portillo
asegura que el doctor Romay y Campuzano murió en Sabanalarga, pero
no hay prueba segura de ello.
El doctor Manuel Romay Cabarcas era hijo del anterior. Nació en
Arroyo de Piedras y fue bautizado en esta parroquia. Este nacimiento
en una aldea se debió a que con la ocupación de Cartagena por
Morillo, el doctor Romay y Campuzano, que era el gobernador de la
provincia, se escondió primero en el convento de la Merced y luego
huyó a las selvas de Cipacua. Su esposa para estar lo más cerca
posible se asiló en el mencionado Arroyo de Piedras. El doctor
Romay Cabarcas fue abogado doctorado en Cartagena, ejerció la
profesión en ésta ciudad, pero por una inexplicable circunstancia
de su vida intima, hizo dejación de ella y se recluyó en una de
sus fincas, no visitando a nadie, ni ser visitado por persona
alguna. Se dijo, aunque sin ningún fundamento que la excentricidad
de su vida se debió a una injusticia judicial, por lo que hizo
juramento de no cultivar ninguna relación social. Hoy los
descendiente de los doctores Romay son los Salazar Romay.
El doctor Manuel Murillo Toro vivió poco tiempo en éste lugar,
pero la prestancia de su personalidad y el haber elegido por esposa
a distinguida dama ligada a esta sociedad, nos obliga a hacer
conocer algunos rasgos de su fructífera vida. Era natural de
Chaparral (Tolima);hizo sus primeros estudios en la escuela de su
pueblo, continuo en el colegio San Simón de Ibagué y termino sus
estudios de derecho en Bogotá. Desde muy joven se dio a conocer
como escritor de fondo. El ascenso de su vida pública se debió a
un incidente que podría llamarse casual. Siendo todavía
estudiante, logró el empleo de amanuense(escribiente) del doctor
Vicente Azuero. Se discutía la candidatura del doctor Márquez para
presidente de la República por considerarla inconstitucional y el
doctor Murillo publicó un artículo combatiendo la tal candidatura.
EL artículo tuvo gran revuelo en Bogotá y se creyó que el autor
el general Santander. Pero es el caso que al mismo general produjo
gran impresión, y trató de averiguar por medio de su secretario de
relaciones exteriores, don Lino de Pombo, quien era el autor. El
señor de Pombo se entrevistó con el doctor Azuero, este le mostró
el original y al mismo tiempo le presentó al muchacho empleado
suyo. Incrédulo el señor Pombo le preguntó:
- ¿Es de usted la letra de éste escrito?.
- Si señor, le contestó.
- ¿Quién se lo dictó?
- Nadie, señor, es redactado por mí.
- Vamos a ver si usted es capaz de escribir esto.
Aquí tengo una nota que acabo de recibir del ministerio inglés.
Enciérrese en ésa pieza y formule el proyecto de contestación.
Media hora después el doctor Murillo presentó a don Lino el
proyecto de respuesta que era verdaderamente magistral. El señor de
Pombo dio cuenta al general Santander de los incidentes de este
suceso y este ordenó que se le colocara inmediatamente en el
Ministerio de Relaciones Exteriores.
Fue toda su vida hombre civil pero siendo así que combatió la
candidatura de Márquez por inconstitucional, mucho más había de
combatir la presidencia del mismo. La revolución de 1840 lo
arrastró hacia nuestras costas, y fue así como el doctor Murillo
conoció a doña Ana Romay en Santa Marta, la cual estaba en casa de
su hermana, la esposa del doctor Mazenett y vinieron a casarse a
este lugar, pues aquí residía entonces su familia. No es verdad,
como se ha asegurado que el doctor Murillo desempeñó por estos
lugares el cargo de maestro de escuela, aunque esto en nada
desmejora sus grandes méritos, ni desmejora los de nadie, pero la
historia no es el reflejo de la verdad sino la verdad misma.
En Santa Marta redactó el periódico La Gaceta Mercantil y sus
artículos tenían resonancia en todo el país fue designado para
firmar en Santander la capitulación que había de poner término a
la guerra, y a pesar de los tratados convenios con el general
Herrán, fue hecho prisionero y encarcelado en Cartagena. El doctor
Murillo fue representante y senador en distintos congresos, ministro
en diversas carteras y dos veces Presidente de la República. Murió
en 1882 rodeado de respeto de sus amigos y enemigos.
El doctor Eugenio Baena, cartagenero era hijo de don Antonio Baena,
quien fue de los constituyente de Ocaña en el año de 1828, junto
con José María del Real, Sotomayor, del Castillo y Ucros, por la
provincia de Cartagena. Entre las altas posiciones que ocupó el
doctor Baena se encuentran la de representante a las cámaras,
presidente del estado soberano de Bolívar y embajador de Colombia
ante la Santa Sede; se casó en esta ciudad con noble dama, y una
hermana de esta con el doctor Pedro Laza Grau, distinguido caballero
bolivarense.
El doctor Pedro Ahumada, notable médico cartagenero y gran señor,
desde joven se estableció en este lugar, formó su hogar y murió
después de haber prestado grandes servicios a la humanidad; su
desaparición produjo hondo pesar en la población. No tuvo hijos
pero adoptó algunos parientes de su esposa los que gozaban por ella
gran estimación y simpatía.
Don Martín Tatis fue unos de los primeros individuos de mérito que
se establecieron en Sabanalarga después de la independencia. Era
descendiente de próceres de Cartagena. Construyó una cómoda casa
de dos pisos, pero con techo de paja, en la esquina en donde están
hoy las hermanas Teresitas. Sus descendientes hoy son las familias
Cantillo Tatis, Julio Tatis y Tatis Cabarcas.
Don Federico Cuervo, don Luis Salivé y el doctor José María
Ponce, venezolano desterrados por el gobierno de Antonio Guzmán
Blanco. El primero volvió a su país cuando cayó el dictador; el
segundo y tercero se casaron aquí y sus familias fueron la de los
Salivé Pérez y Ponce Carbonell ya casi extinguidas.
El don Rafael Cajar era oriundo de Cartagena, abogado. Tuvo un
incidente desgraciado, el cual le cual le contristó el resto de su
vida. Por un disgusto personal, el joven María Zapata lo atacó con
un foete en una procesión de viernes santo. El doctor Cajar logró
dominar al atacante y le dio muerte con un puñal, pero a pesar de
que se vio obligado a emplear este medio violento de defensa propia,
solía exclamar con frecuencia : Haber dado muerte a un individuo es
un fardo que pesa mucho.
Don Pedro Recio, héroe cubano en la guerra de Marti por la
independencia de la isla. Derrotada la revolución logro salir de su
país y se estableció con su familia en este lugar. A pesar de
tener mutilado el brazo izquierdo por heridas sufridas en la guerra,
hizo una cuantiosa fortuna en Sabanalarga con el producto de sus
fincas de caña de azúcar, fue el primero que introdujo aquí el
trapiche de hierro. Son descendientes del señor Recio los
Echeverría Recio y los Recio Echeverría de Barranquilla.
Don Camilo Moreno era natural del Carmen de Bolívar dotado de altas
capacidades literarias y artísticas. Cooperó con la cultura de esa
época escribiendo en periódicos locales, rudimentarios por su
puesto y en veladas literarias y artísticas con la que se solazaban
nuestros abuelos y padres. Más tarde fue vicerrector de la
Universidad de Bolívar; hoy son sus descendientes los Manotas
Moreno.
Los Cepedas que se radicaron en esta ciudad eran originarios de
Cartagena y vinieron aquí por distintas vías. Don José Antonio
Cepeda izquierdo era hijo de don José Antonio Cepeda, cartagenero,
el cual llegó a Soledad como secretario del general de Montilla;
parece que se estableció en Sitio Nuevo. Entre otros hijos tuvo a
don Diego, don Alejandro y don José Antonio; los dos primeros
tuvieron inclinaciones pedagógicas y fundaron un colegio en Santo
Tomás, llamado de La Esperanza, el cual adquirió gran resonancia
por la solidez de la enseñanza; en el se educó casi una
generación de Sabanalarga; don José Antonio se caso con su prima
Marta Josefina Calvo, hija de Tomás Víctor Cepeda, residente en
Cartagena, y estableció su hogar en Sabanalarga. Esto tal vez
influyó para que todos los hermanos de Cepeda Calvo se
establecieran en este lugar. La madre de los últimos era hermana
del doctor Bartolomé Calvo, a quien le tocó ser presidente de la
República, en su carácter de procurador General de la Nación, en
reemplazo de don Mariano Ospina Rodríguez (1857 -1861), cuyo
periodo presidencial avía terminado y no se había hecho la
elección del que le había de suceder, por estar en todo su furor
la guerra intestina que comenzó en 1860. Más tarde, en 1876, fue
postulado candidato a la presidencia de la República. Un hermano
del doctor Calvo, llamado Casimiro, y por consiguiente tío de los
Cepeda Calvo, fue asesinado por una turba furiosa en la plaza de
esta ciudad a causa de un incidente sin importancia. Hoy es numerosa
la descendencia de don Gregorio, don Blas Cepeda Calvo y hermanas y
la de don José Antonio Cepeda Izquierdo.
Don José Antonio Torrenegra nació en Manatí cuando dicha
población y Campo de la Cruz tenían más importancia que
Sabanalarga. Hombre inteligente comprendió que allí era muy
estrecho el circulo de sus aspiraciones y se estableció en esta
villa. Aquí se casó con una dama de alta prestancia: figuró en la
política y aun en nuestras guerras civiles. Sus descendientes casi
se han extinguido.
Don Pedro Duran Torrenegra, pariente del anterior y también de
Manatí, hijo de un ingeniero de los encargados de la apertura del
canal del dique para evitar la vuelta de Barranca y sacarlo
directamente por Calamar. El ingeniero Durán se casó en Manatí,
pero a su muerte su hijo acompañado e su señora madre, pasaron a
vivir a Sabanalarga. Hombre incansable en el trabajo, los ochenta
años le alcanzaron con la misma actividad; metódico en su vivir
alcanzó regular fortuna construyo una de las mejores casas de
mampostería que existen en la ciudad, la que hoy ocupa el resguardo
de rentas departamentales. Tuvo larga familia casi toda de mujeres,
las cuales todas se casaron y hoy son matronas que forman hogares de
muy alta estima. Tales son: Pimienta Durán, Movilla Durán,
Mastrodomenico Durán, Castro Durán, Blanco Durán, Muñoz Durán y
Durán Castillo.
A mediados del siglo pasado (1850) se estableció en Sabanalarga una
especie de colonia hebrea de origen antillano, cuyos miembros eran
todos de méritos reconocidos, ellos eran: Don Evaristo Sourdís de
carácter bondadoso y apacible, dedicado por completo a las tareas
de su almacén y sus industrias ;en poco tiempo alcanzó a mejorar
su fortuna, y así comenzó a construir la casa de mampostería
situada en la calle de Sabanita, entonces así llamada, aunque
apenas logró la construcción del almacén y los depósitos, pues
la muerte lo sorprendió prematuramente. Entre otras fincas tenía
una fabrica de aguardiente en los terrenos que están frente al
hospital y la cual ha desaparecido completamente, quedando sólo los
rastros del pozo del que se servia la fabrica, y hasta hace poco
conservó el nombre de Sourdís una finca situada al lado de la
carretera a Barranquilla, nombre que ha sido cambiado recientemente
por el de Taboga. Los ascendientes de don Evaristo eran franceses y
se cree que entre ellos figura el Conde de Sourdís, personaje
político de la época Napoleónica, mencionado por Víctor Hugo por
algunas de sus obras. SE casó don Evaristo en esta ciudad con bella
dama sabanalarguera, y sus descendientes son hoy los Sourdís
Juliao, Sourdís Pimienta, Berdugo Sourdís y doña Raquel Sourdís
Navarro.
Moisés Roig Méndez era cuñado de don Evaristo Sourdís, se
estableció aquí con su familia; construyó la casa que es hoy de
los herederos de doña Helena Rodríguez de Llinás. Estableció
negocios de comercio y prosperó. Cuando en el último tercio del
siglo pasado (1875) decaía el progreso de Sabanalarga, mudó sus
negocios a Panamá en donde adquirió más riquezas.
Los hermanos de Juliao eran tres: don David, don Abrahán y don
Samuel. Los dos primeros formaron sus hogares con damas de la
ciudad, el tercero se casó en Cartagena, pero todos Vivian aquí.
Por motivos que no hemos llegado a saber abreviaron su verdadero
apellido, el cual era Henríquez Juliao y firmaban sencillamente H.
Juliao, costumbre que no solo adoptaron ellos, sino todos sus
descendientes hasta hoy. Se dedicaron al comercio, al cultivo de la
caña de azúcar y a la fabricación de licores. Fueron personas de
bastante cultura. Don Samuel murió el 11 de febrero en el combate
de Barranquilla en 1885. Son descendientes hoy de don David, los
Juliao Tatis; de don Abrahán, los Juliao Moreno y de don Samuel,
los Juliao Navarro.
El poeta Diógenes Arrieta pasó algunas temporadas en Sabanalarga
como agente comprador de algodón, tabaco y otros frutos de la
región para casas exportadoras de Barranquilla. Aquí se enamoró
de una linda muchacha a la cual dedicó muchas de sus mejores
producciones poetisas. Joven e inteligente se le supo apreciar por
toda la sociedad. Cierta vez fue invitado por algunos jóvenes de la
ciudad para que los acompañara en una fiesta que se celebraba en
Piojó. En este lugar se apasionó de una señorita natural de Juan
de Acosta, y en el entusiasmo de un baile, la pidió a sus padres y
se casó inmediatamente con ella. Más nunca volvió a Sabanalarga,
y en aquellos tiempos ebrios de furor románticos se dijo que su
novia de Sabanalarga había muerto de amor por el poeta. Más tarde
se fue a Bogotá en donde terminó sus estudios y se caso en
segundas nupcias.
El general Jesús María Lugo y el doctor Teodosio Núñez se
casarón en este lugar con dos señoritas hermanas, hijas del doctor
Félix de los Reyes. EL primero se volvió a Lorica, lugar de su
nacimiento, y el segundo se estableció en Cartagena.
El coronel Pedro Sudea, cartagenero prócer de la independencia,
padre del simpático e inteligente Pedro Sudea Polo, muy celebrado
este por su cultura y don de gentes. Descendientes de ellos son los
Sudea Hoyos, Castillo Sudea y Morales Sudea.
Don Juan Gallardo, de notable familia cartagenera, trabajador
incansable alcanzó considerable fortuna en la ganadería, en
valiosas fincas y en comercio de mercancías. Terminó la
construcción de la casa de mampostería en que hoy está el colegio
de Sabanalarga (actual club Cóndor), pues compró el solar y los
muros a medio levantar a un holandés de apellido Bermejo. Son
nietos del señor Gallardo los Cuentas Gallardo.
No recordamos el nombre propio del doctor Vega, médico cartagenero
que se casó y estableció a quí en la ciudad. Hijo de este fue don
Mateo Vega, muerto en un duelo con el Coronel Julio Vieco en los
días de la guerra del año 1885. Descendiente de ellos son los
miembros de la familia Llinás Vega.
Otros dos médicos se establecieron en la ciudad en aquella época
prometedora, los doctores José Ángel López Mora y López Zapata.
En la casa de uno de ellos, la que hoy es de don Wilfrido Rodado, se
declaró un incendio en un 20 de marzo; las llamas azotadas por las
fuertes brisas de la época, arrasaron la población hasta la charca
larga, llevando un frente de tres calles. El doctor López Mora
volvió a la Heroica de donde era nativo y el doctor López Zapata
se fue a Panamá, y más tarde, el ascendiente de los López Olier
de Barranquilla.
Don Gabriel Martínez Salcedo, natural de Barranquilla fue grato
huésped de la población por dos veces. Estableció negocio de
comercio, era individuo de gustos aristocráticos, mejoró mucho las
costumbres sociales y en su primera permanencia se casó con
prestante dama de la sociedad. En el año de 1882, en que se
verificaban los trabajos del canal francés de Panamá, trasladó
sus negocios a la ciudad de Colón, pero el incendio de dicha ciudad
en el combate habido allí en el año de 1885, lo arruinó. Ya viudo
volvió a vivir en esta ciudad, prosperó y se casó por segunda vez
con dama no menos digna que la anterior. Fue el origen de la familia
Martínez Torrenegra ya casi extinguida, en su primer matrimonio, y
en el segundo, el de la familia Martínez Castillo.
El doctor José de Betancourt fue un médico Portugués que vivió
muchos años en esta población e igualmente don Miguel Grau,
cartagenero. Este murió en el combate del 11 de febrero en
Barranquilla en la guerra civil de 1885; su familia volvió a
Cartagena.
Don Alejo Solano Márquez era natural de Usiacurí, se casó aquí
con dama de alta extirpe y fue el tronco de la numerosa e importante
familia Solano Manotas.
El doctor José Antonio Barros y su cuñado José Antonio Brugés,
eran Riohacheros. El primero, médico e instructor. Ambos vivieron
aquí en casa propia; situada esta en el que hoy es el solar de los
herederos del finado don Antonio Vizcaíno, al lado de la casa de
don Enrique Salazar, y detrás del salón Nazareth. Llegaron con su
familia a este lugar después del combate de Piaurichón, en que
perdió la acción el general Farías, conservador. El ejercito de
este estaba compuesto por Riohacheros en su mayor parte, y la
familias de ese partido en el lugar, teniendo retalaciones de los
liberales que ocuparon a Riohacha, abandonaron los hogares y
buscaron asilo en otras ciudades. El doctor Barros se dedicó aquí
a su profesión y sus señoritas hermanas, a la enseñanza, de lo
cual obtuvo gran provecho la generación femenina de aquel tiempo.
Hoy existen como descendientes de esta familia, Luis Carlos Barros,
ya anciano; las familias Núñez Blanco, Señor Blanco de
Barranquilla y Brugés Avendaño de Santa Marta.
También formaron sus hogares en la población, en la ultima mitad
del siglo pasado, otras personas notables por sus rangos social, por
su inteligencia o por sus riquezas. Entre otros, el doctor Martín
Pimienta, de Santa Marta, el doctor Rogelio Muñoz de Sincelejo; el
doctor Juan Porratti de Barranquilla; don Miguel Osorio de Soledad,
don Francisco Ripio de Piojo, don Julián Vargas de Santa Marta, don
Manuel Matonas Escudero y don Pepe Manotas Suárez de Cartagena, don
Carlos Navarro Yance de Cartagena, don Tomás Barrios de Baranoa,
don Cipriano Jiménez de Cartagena, don Nicolás Mastrodomenico,
italiano que no vino a formar fortuna aquí puesto que la trajo
hecha, sino a buscar el medio en donde poder ensancharla; don
Julián Pugliesse, italiano, rico comerciante y hacendado.
Es de notar, según la enumeración anterior, como personas visibles
de otras sociedades venían a escoger sus esposas en el seno de la
nuestra por considerarla la más distinguida de la región. Se
observa también que el 90%, poco más o menos es de origen
cartagenero y pertenecientes a familias distinguidas. El pueblo o
gente de color poco emigró a estas regiones; de ahí que el tipo
del sabanalarguero sobre todo el de las mujeres, se haya distinguido
por la belleza que le dio el español y la majestuosa figura del
indígena moreno.
No fueron de menos realce las familias que el elemento foráneo
encontró aquí : Manotas Hernández, Salazar Estrada, Zapata
Consuegra, Moreno Consuegra, Pertuz, Olivares, De los Reyes,
Ahumada, Movilla, Llinás, Torrenegra, Carbonell Movilla, Castro,
Cuentas, Blanco, Mendoza, Castillo, Mercado, Roca y muchas más
honorables todas.
En esta forma, la sociedad de Sabanalarga, a pesar de sus costumbres
sencillas, pero siempre con miras de superación, le seguía a
Cartagena en cultura y don de gentes; la clase media, como tenía
posibilidades económicas, competía con la anterior en costumbres
sociales, y la del pueblo era fraternal, jacarandosa y festiva,
trabajadora y divertida.
Suplico perdone al que esto lea, por la siguiente digresión, que
tal vez es personal, pero apelo a la serenidad de criterio de cada
cual, pues en primer lugar se trata a la familia a la cual
pertenezco, y segundo quiero hacer resaltar la conducta invariable,
la lealtad de la familia Manotas a sus principios políticos desde
hace ciento cincuenta años, es decir desde que se formó nuestra
República. Ella fue, pues, una de las fundadoras del partido
liberal en nuestro país y dentro de aquél se ha conservado. Ha
sido cualidad típica de esta familia la instrucción en todas sus
fases, y así han descollados, partiendo desde el doctor Francisco
de Paula Manotas Hernández hasta hoy, treinta y cinco abogados,
quince médicos y veintidós entre ingenieros, odontólogos,
licenciados y ciencias económicas. Entre los miembros de ella ha
habido jueces y magistrados, diputados, representantes y senadores,
Alcaldes, prefectos, secretarios de gobiernos presidente del antiguo
Estado soberanos, Gobernadores de Departamentos y Ministros.
El progenitor de tan larga familia fue don Manuel Manotas
Castañeda; nació éste en los últimos días del siglo XVII o en
los primeros del siglo XVIII; se casó con doña Isabel Hernández,
de esta ciudad. Era inteligente y con conocimientos relativamente
altos para la época en que le tocó vivir y obtuvo cuantiosos
bienes de fortuna; descendiente directo de don Pedro Antonio
Manotas, de quien ya hablamos antes. Fue partidario del general
Santander desde su primera administración, como vicepresidente de
la república y en honor de su adhesión nombró a su primer hijo,
Francisco de Paula. En 1828 cuando los partidos a penas se
delineaban, y la gran conversación de Ocaña ahondó un poco más
su delimitación fue sostenedor de las diputaciones de los doctores
José María del Real y Antonio Baena, elegidos por la provincia de
Cartagena; sabido es que ambos fueron santanderistas. En 1831 entró
con los pronunciados de Sabanalarga, Soledad y Barranquilla contra
la dictadura de Urdaneta; movimiento que terminó con el sitio de
Cartagena por el general Luque, sobre las fuerzas de Montilla. En
1840 en que se pronunciaron contra el gobierno de Márquez, los
generales Obando en el sur, Salvador Córdoba en Antioquia, Reyes
patria en Tunja, Manuel González en El Socorro Carmona en la Costa,
fue don Manuel nombrado jefe civil y militar de la provincia de
Sabanalarga. Por sus actuación política durante las
administraciones Márquez y Herrán, fue expatriado, habiéndose
asilado en Curazao. Por medio del indulto concedido por el general
Mosquera en 1849 volvió a su país. Durante la administración del
general José Hilario López fue diputado a la asamblea de Bolívar
por el cantón, hoy provincia de Sabanalarga y en representación de
aquella, asistió a los festejos que se verificaban en este lugar
por la sanción de la ley sobre libertad de los esclavos; a él
mismo le tocó dar lo que entonces se llamó carta de libertad a los
que estaban bajo su servicio.
Al morir don Manuel dejó una numerosa familia ; de aquí salieron
los hogares de los Manotas Llinás, Manotas Bilbao, Manotas Gómez,
Manotas Movilla, Monotas de la Espriella, Manotas Jiménez, Moreno
Manotas, Solano Manotas, Vega Manotas, Durán Manotas, Llinás
Manotas, Monotas Pallares, Mendoza Primo y Mendoza Movilla, los
cuales contando con los que han perdido el apellido por descendencia
femenina, forman hoy una de las familias más numerosas del
departamento y la cual se ha extendido a lejanas ciudades fuera de
el. Puede calcularse en un 5% las unidades de esta familia que han
pasado ha tener ideas conservadoras como consecuencias de los
sucesivos enlaces de sus mujeres con personas que observan dichas
ideas, el resto ha continuado con el ideal político de su
progenitor, y así formaron filas en el partido liberal moderado, el
cual se llamó más tarde independiente, al lado de Salvador Camacho
Roldán, los Samperes, Otálora, los sarmiento, Pinzones, Trujillo,
Núñez y otros prohombres del partido, hasta 1885 en que el último
de estos como jefe y presidente de la nación, declaró sin
existencia la Constitución del año de 1863. Inmediatamente
entraron en la revolución de aquel año con Gaitán Obeso y
Acevedo, Sarmiento y Hernández, Bernales y Lleras, Cabezas y
Lombanas, Camargo y Acostas, Collantes y Jimeno. Más tarde en la
guerra de los mil días con Uribe Uribe y Herrera, y en la paz en la
última denominación de los 16 años de Olaya Herrera, López,
Santos, Echandía, Lleras y Lozano Lozano.
Al cerrar esta breve reseña de la familia Manotas, no queremos
terminar sin hacer antes mención especial de dos de sus miembros
que en el pasado, representaron papel importante en la política y
en las ciencias del derecho. Entre los hijos de don Manuel Manotas
Castañeda descolló Nicolás como hábil jurisconsulto; su fama se
extendió a tal punto que don Jorge N. Abelló, al escribir algunos
hechos históricos sobre esa época, lo tituló: Abogado consultor
en cien leguas a la redonda. Digno hijo de este y heredero de su
inteligencia y versación en asuntos de derecho fue el doctor
Francisco de P. Manotas, el alcanzó grandes triunfos como orador
forense y experto administrador de la cosa pública, como lo
demostró en la presidencia del estado soberano de Bolívar, en el
senado de la República y en el Ministerio de Obras Públicas, entre
muchas de las altas funciones que le confió el país.
Volvamos a nuestra Sabanalarga. Del año 1870 en adelante, con la
construcción que hizo el ingeniero cubano Francisco J. Cisneros del
ferrocarril de Salgar- Barranquilla, esta ciudad comenzó a
levantarse en importancia y dio lugar a la primera emigración de
este lugar hacia aquel. Algunos doctos en derecho y medicina pasaron
a ocupar puestos de importancia, y así el doctor Pedro Mártir
Consuegra fue gobernador de la provincia llamada entonces de
Sabanilla; los doctores Clemente Salazar Estrada y Nicolás Manotas
fueron jueces de circuito; los doctores Teodosio Moreno y jacinto
Consuegra ejercitan la profesión de abogados. El Fabio Manotas
Hernández, médico, fundó la farmacia Manotas, la cual existe
todavía, siendo hoy la más antigua pues cuenta con tres cuarto de
siglo y en el mismo lugar de su fundación.
Fue en el año 1885 cuando Sabanalarga sintió su golpe de muerte.
El gobierno estableció el monopolio del tabaco y el aguardiente.
Muertas estas industrias y sus derivadas, el cultivo de la caña de
azúcar y el tabaco no tenían razón de ser, la población
netamente agricultora se cruzó de brazos. Para colmo de males la
guerra que asoló a todo el país en ese año, sentó sus reales en
los departamentos de la costa Atlántica y el hacendado vio como por
cientos salían los ganados de sus hatos para el sostenimiento de
los ejércitos de uno y otro bando. Rudo fue el golpe, Sabanalarga
desde entonces a permanecido en un morirse constante:
Estos, Fabio, ¡ay dolor¡ que vez ahora campos de soledad, mustio
collado fueron un tiempo itálica famosa .
Y sobre vino éxodo de la población de dieciséis a veinte mil
personas de Sabanalarga residen hoy en Barranquilla y otros lugares.
Los profesionales en busca de campo propicio en donde poder poner en
práctica sus conocimientos; las familias enteras, en que el jefe de
ellas busca el empleo en empresas u oficinas para llevar vida
modesta y honrada, de acuerdo con sus antecedentes y el pueblo en
romeras dolorosas se despiden de sus hogares para ganar el jornal
que su tierra les niega, en fabricas, talleres y establecimientos de
toda naturaleza.
CULTURA: Sabanalarga ha sido siempre pueblo inteligente y culto hace
80 años (1874), poco más o menos ya don José Manuel Royo la
calificó en su geografía universal de Amiga de la instrucción .
De sus seno han salido hombres prominentes que han ocupado todas las
altas posiciones oficiales de la República, menos la de presidente.
A más de los profesionales establecidos aquí y ya dichos, han
nacido los siguientes, expresados en orden más o menos
cronológicos.
ABOGADOS: Francisco de P. Manotas Hernández, primer titulado que
tuvo la ciudad; Remigio Olivares, Pedro Martir Consuegra, Félix y
Arturo de los Reyes, Clemente Salazar Estrada, Nicolás Avelino y
Manuel Manotas Hernández, Pedro A. Polo, Teodosio Moreno, Francisco
de P. Manotas B., Clemente Salazar Mesura, Federico Castro
Rodríguez, José del Carmen y Antonio Varela Salazar, Pedro Salazar
Mesura, Martín Pimienta Lozano, Nicanor Manotas, Julián Llinás
Manotas, Adán Polo C., Narses Manotas, Agustín y Celso Solano
Manotas, Jorge Salazar, Juan Pablo Manotas, Alejo y Gustavo Solano
Manotas, Nicolás y Julián Llinás Vega, Luis Eduardo Manotas,
Aquileo Manotas, Pablo Emilio y Hernando Manotas, Evaristo Sourdís,
Clemente Salazar Movilla, Ludovico Navarra, Leonidas Berdugo
Sourdís, Claudio M. Blanco, José María Mercado, Gilberto Hoyos
Ripio, Diego y Nicolás Llinás Pimienta, Adalberto Reyes Olivares,
Hernán Berdugo B., Ramón Serge Ahumada, Gerardo González Navarra,
Onofre Mendoza, Joaquín Villa Llinás, Manuel Manotas Manitas.
MEDICOS: Bonifacio y Francisco Salazar Estrada, Fabio Manotas
Hernández, Manuel Salvador Manotas, Francisco Mendoza Primo,
Nicolás Solano Manotas, Pablo A. Llinás, Vicente C. Mercado, Pedro
Antonio Manotas, Nicolás Solano Velásquez, Carlos Manotas, Arnulfo
Manssur, Jorge y Juan Pablo Llinás Olarte, Francisco Sudea Hoyos,
Abel Blanco Jiménez, German Berdugo Sourdís, Eduardo Sourdís,
Juan Estrada, Isaad y Emilio Bojanini, Cristóbal y José de J.
Navarra, Antonio José Vargas, Enrique Celedón Manotas, Jesús
María Álvarez, Ismael Cepeda, Carlos Adolfo Manotas, Fernando
Mercado Fernández, Enrique Manotas Manotas, Sebastián Alcalá E.
Entre estos se puede contar también los
BACTERIÓLOGOS: Enrique Salazar Solano y Guillermo Vargas Solano.
ODONTÓLOGOS: Antenor Moreno Manotas, Gerardo y Víctor Manotas,
Enrique Villa Llinás, Roque Cepeda, José Martín Ripoll, Manuel
Cuentas.
SACERDOTES: Pedro A. Manotas, Julián José Pertuz, Máximo Mercado
y el padre Caicedo Vizcaíno.
PEDAGOGOS: José María Consuegra, José Martín Blanco Castillo,
José Mendoza primo, José Antonio Cepeda y Cepeda, Milesio Mendoza
primo, Julián Llinás Manotas, Raimundo A. Cepeda H., José
Agustín Blanco Vázquez.
Prolijo seria enumerar los nombres de las personas que, nacidas en
Sabanalarga, han sobresalido en artes u oficios a que se hayan
dedicado, pues son muchas. Tampoco queremos nombrar los que son
nacidos en otros lugares, pero de familias oriundas de aquí, como
son los doctores Manotas Wilches, Moreno Vives, Moreno Escobar,
Julia Moreno, Castro González y mil más, pues queremos referirnos
a los que aquí abrieron los ojos.
Y también tubo poetas de lírica excelsa y sentimental, romántica
y anacreóntica. Leídos con deleite Cecilia A. Cepeda, Vespasiano
Henríquez y Pedro Bahoque; últimamente Pedro Armengol Cuentas, el
colgó la lira hace mucho tiempo.
En el pueblo se verificaban ciertos torneos entre versificadores de
poesía espontánea, a los cuales se daba el nombre de cantos de
guitarra. En determinadas casas se reunían los cantores y al son
melancólico de una guitarra la manera de los antiguos juglares
españoles, versificaba cada uno una historia antigua, el argumento
de una novela, o muchas veces discutían sobre astronomía, ciencias
naturales y otros temas apenas conocidos por ellos. En estas
competencias sobresalieron Manuel Varela Ariza, Manuel de Jesús
Manotas y Manuel Dolores Salvarán.
Y hubo hombres excepcionales en distintas épocas que se empeñaron
en el adelanto material de la población y otros en el bien de la
humanidad. Entre los primeros tuvimos al sacerdote doctor Manuel
Jacinto Villanueva, quien se propuso construirnos la iglesia de que
carecíamos y levantó las paredes de la casa cural: el doctor
Francisco de P. Manotas, quien hizo terminar las torres de la misma
iglesia y construyo el actual palacio Municipal; don Luis Arévalo
de virtudes públicas y privadas dignas de imitar, en su condición
de alcalde construyó el camellón o paseo que hoy lleva su nombre,
lugar que desde entonces ha servido de recreo y ornato de la ciudad;
también construyo si mal no recordamos, el actual mercado público,
hizo construir las defensas de la fuente medicinal llamada entonces
vulgarmente de La Vaca Loca, y bautizada por él con el simpático
nombre de fuente de las Mercedes. Desgraciadamente, la
desarborización de los contornos y el apisonamiento permanente en
las partes altas de la fuente han endurecido las tierras haciendo
imposible las filtración de las aguas fluviales. Hoy a
desaparecido, privando a la población del beneficio de sus aguas
medicinales sobre todo para las afecciones estomacales.
Entre los segundos se distinguieron, el doctor Francisco Salazar
Estrada, médico eminente en su tiempo observador a cabalidad del
juramento hecho al optar grado. Atendió sus enfermos sin tener en
mente la situación social o económica del cliente. Ricos y pobres,
Blancos y negros, poderosos y desvalidos, todos eran atendidos con
singular concreción. Ni nunca enriqueció con los emolumentos de su
profesión, ni ningún paciente dejo de comer un día por el fuerte
pago de su curación. Para él no existía sol caliente, ni noche
oscura, ni lluvia pertinaz para atender al llamado de un paciente.
En política fue conservador pero no godo; era el algodón colocado
entre los dos vidrios de los rabiosos partidos políticos de la
época. Tenía nexos con la mayor parte de la población por medio
de compadrazgos y ahijados. Y sin embargo, este hombre bueno fue
sacrificado cobardemente dentro de su propia casa. En el calor de la
Tragedia hubo sospechas sobre individuos a quienes la justicia no
pudo confirmar la comisión del delito, y así el crimen ha quedado
impune hasta hoy. El tiempo, que ha medida que se hace mas viejo
trae mayor serenidad al espíritu, nos hace pensar que en la muerte
del doctor Salazar no hubo un delito político ni menos de enemistad
personal. Un hombre con las cualidades anteriormente dichas no
podía nadie tener deseo de eliminarlo, primero por que él no era
jefe político; políticamente no dirigía multitudes y antes bien
era garantía para los del partido vencido; segundo porque no hubo
noticias que tuviera enemigos velados o descubiertos. Esto nos hace
llegar ala conclusión de que los asesinos del doctor Salazar fueron
personas interesadas en robarle; suponían que él tenía tesoros
guardados, proveniente de su profesión y de algún empleo( fue
prefecto y alcalde). Vivía solo, y al entrarse ellos a la casa,
pudo él haberlos reconocido, y esta situación difícil pudieron
creer que era mejor eliminarlo, antes que viniera la denuncia y el
consiguiente castigo. Si al asesino lo lleva una mira política o
personal, no carga a cuesta un baúl que podía inspirar sospechas,
pero sí lo hacia un ladrón porque ese había sido el objeto que lo
había llevado allí. Hay otro incidente que nos confirma en nuestra
conciencia. En una noche buena en momento en que se celebra la misa
y el doctor Salazar estaba atendiendo un enfermo, hubo una tentativa
de robo en la misma casa la cual fue denunciada por una señora que
la cuidaba; a los gritos de ésta acudió la gente de la plaza y los
ladrones huyeron.
Otro hombre tan bueno como el pan del cielo fue el padre Moisés
María Gómez. Nació pobre vivió pobre y por consiguiente sabía
apreciar la pobreza de los demás. Amó a Dios sobre todas las cosas
y al prójimo más que a sí mismo. Nadie le buscó que no lo
encontrara aún con perjuicio de su propia necesidad. No conoció
las pasiones por lo que nunca fue poseído por la soberbia, el odio
y la ambición. El divino maestro sintió soberbia alguna vez, el
padre Gómez no, tal vez porque a su templo no se acercaron los
mercaderes y fariseos. Duró treinta años como oficiante de la
parroquia y cuando tuvo que alejarse de ella porque le aquejaba
grave enfermedad, lloraba como un niño agobiado por la nostalgia
que le producía el recuerdo de la tierra que tanto quiso y que
tanto le quería. Su vida fue ejemplo que convencía para aspirar al
reino de Dios.
Allá por los años de 1868 a 1870 se fundó el primer periódico,
su nombre que no recordamos, era romántico como todos los esa
época y dedicado exclusivamente a los asuntos literarios;
escribían en el jóvenes de ambos sexos, entre los cuales se
encontraban José del carmen Varela, después gran escritor y
redactor de La Prensa Librede Panamá; Clemente Salazar Mesura
fundador y redactor más tarde de El Comercio de Barranquilla.
Octavio Henríquez Valverde, muerto prematura y trágicamente en su
cacería; Camilo Moreno, pedro Sudea, Ana Clara Durán, Eva y
Emiliana Moreno, Cristina Varela, Belarmina Henríquez, Constancia
Polo y algunas más. Estos periodistas encierne construyeron un
teatro provisional en el solar de la casa de don Nicolás Llinás,
hoy teatro Nazareth y daban representaciones de dramas y comedias de
la época, bajo la dirección de un señor Pimentel.
Muchos periódicos se han fundado después pero ninguno ha logrado
pasar de la primera infancia. En el año de 1883 y el de 1884
redactaron en Cartagena los jóvenes estudiantes Avelino Manotas A.
y Julián Llinás Manotas el periódico El Guttemberg, el cual
apoyaba la candidatura del doctor Francisco de P. Manotas para
presidente del estado soberano de Bolívar en contra posición a la
del doctor Manuel Laza Grau. Al venir la época de las vacaciones
estudiantiles trasladaron el periódico a Sabanalarga, pero su
tiraje se hacia en Cartagena. La dificultad en los viajes a esta
ciudad pues se empleaban hasta ocho días, por lo malo de los
caminos hacía extemporáneo las publicaciones. Esto y la guerra que
se vino encima en los últimos días de diciembre de 1884 originaron
la suspensión del periódico. En 1886 los mismos jóvenes Manotas y
Llinás en colaboración con otro joven estudiante Habacue Castro
Rodríguez publicaron La Razón periódico político de oposición
al nuevo gobierno y enseguida con el mismo fin redactó Pedro
Carbonell Roca, La Voz del Pueblo con este nombre se bautizó la
primera tipografía existente en Sabanalarga. En los últimos días
del siglo pasado (1895) apareció El Progreso Periodiquillo
literario redactado por Juan Martínez, Roberta carbone Pérez y
Arístides Manotas. En los años 1913 , 1914 y 1915 redactó Diego
Llinás Manotas La Nueva Era; fue el periódico que hasta entonces
tuvo mejor presentación y el mejor servicio, siendo así que tenía
imprenta propia. A este último siguió El Impulso dirigido por
Joaquín Villa Llinás y Arturo Mendoza. Luego vino El Obrero de
Abel del Portillo, órgano del campesinado. Últimamente redactó
Manuel Ignacio Osorio a Luces y Julio Héctor Arévalo a El Escolar,
el cual cambio su nombre llamándose hoy Justicia.
Algunos colegios de segundas letras se han fundado en esta villa.
Parece que los mejor organizados han sido, el de don José María
Consuegra, montado todavía con muchos rezagos coloniales,
frecuentes latinajos, gramática de la academia española con su
difícil conjugación de los verbos en sus tiempos de pretéritos
perfectos , imperfectos y pluscuan- perfectos, bastante doctrina del
padre Astete, etc. y todo a pura memoria; el colegio Pertuz este si
tuvo todas las modalidades que la pedagogía y las leyes del país
aconsejaban en esa época, dio magníficos frutos que todavía
perduran; fue su fundador el doctor Julián Llinás Manotas y con
él colaboraban distinguidos profesionales de la ciudad. Lastima que
la situación económica no le hubiera permitido mayor duración.
Don Milesio Mendoza Primo fundo el Colegio Santander;este tuvo
alguna duración y muy buenos resultados educativos, pero
económicamente, como el anterior se impuso la suspensión. Sus
directores podían tener mucha voluntad para la enseñanza pero era
imposible llegar a un modus vi vendí. Ya en el año 1914 fue
abierto el Colegio de Sabanalarga instituto oficial que ha venido
señalando rumbo intelectual a las últimas generaciones de la
ciudad, y que en virtud de sus resultados, sus estudios han sido
reconocido por el gobierno nacional. No dejó de tener importancia
la antigua escuela de don Roque Sobrino; a él eran encomendados los
muchachos desaplicados o de instintos más o menos perversos pues
practicaba el antiguo decir español: La letra con sangre entra y el
zurriago jugaba tanto papel como la A y la Z.
LAS FIESTAS: primitivamente Sabanalarga no tuvo sino tres fiestas
populares: La de navidad, la Semana Santa y la de San Antonio,
patrono este de su fundación y tanto es así, que en documentos de
hace dos siglos poco más o menos el nombre de la población
naciente era San Antonio de Sabanalarga. Más tarde fueron
establecidas y aceptadas la fiesta de Nuestra Señora de las
Mercedes y las del Carnaval. La de Nuestra Señora de las Mercedes
fue instituida por doña Marina Llinás de Manotas, la cual era
devota de la virgen de este nombre. Ella hizo traer de Popayán la
imagen de la virgen que duró hasta hace pocos días; la vistió de
costosísimos mantos y la adornó y la adornó con ricas joyas.
Costeo anualmente las fiestas que se hacían en su honor. Después
de su muerte el pueblo, acostumbrado a dichas festividades la tomó
por Matrona y a costeado su fiestas hasta e día de hoy. Las fiestas
del carnaval vinieron a Sabanalarga muy avanzado ya el siglo XIX.
Tal vez inmigrantes italianos, franceses o sevillanos las
implantaron en Santa Marta. Con la apertura del puerto de Sabanilla
disminuyo el comercio de aquella ciudad y muchas familias de la
nobleza samaria pasaron a vivir a Barranquilla. Esta trajeron el
carnaval el cual ha ido haciéndose cada día más popular y afamado
en el país. De Barranquilla pasó a esta ciudad en donde también
todavía se festejan, aunque con menos animación y más fin
utilitario.
Las fiestas de pascua o navidad comenzaban con las misas de
aguinaldos. Nueve días antes de la noche buena, en las primeras
horas de la noche, salía el fandango en el cual había toda clases
de pitos, tambores, flautas, caracoles, zambomba, quijadas de
animales muertos que ya tuvieran las muelas flojas a más las
marijuanas, que consistían en muñecas de madera, colgadas en la
punta de un palo y que al moverlas al son de los tambores producían
ruidos para acompañar al de la mezcolanza de instrumentos. Paseaban
la calle que había de vestirse al día siguiente. En la madrugada
de este día se verificaba la misa que correspondía a dicha calle
con la misma clase de música que en la noche anterior. Vestir la
calle llamaban adornarla con palmas y ramos enterrados a manera d
árboles, banderas, cruceros, para los cuales salían a lucir los
cortes nuevos que habían de servir para los vestidos de la fiesta,
las colchas, sobrecamas, etc. Así, en los nueve días, las nueve
calles o barrios que entonces tenía la población. En la Nochebuena
no había fiestas propiamente dicha. Todo el mundo esperaba la misa
que había de oficiarse a las doce de la noche, y sólo se
acostumbraba a la cena pascual, en la que cada familia invitaba a
parientes y amigos a saborear el pastel obligatorio. En los días
25, 26, 27 y 28 de diciembre, se cumplía poco más o menos el
siguiente programa: en las mañanas y tardes carreras de caballos.
Es de notar que como entonces no había automóviles, ni siquiera
coches, el caballo era el mejor vehículo para las fiestas y paseos;
era rara la persona pudiente que no tuviera en sus caballeriza, uno,
dos o tres lustrosos esperando el mes de diciembre, y aún los asnos
de los menos acomodados comían pienso, el doble de hierba y maíz
para tener gallarda presencia, adornadas las enjalmas con matas
multicolores. La gente bien paseaba por las tardes, generalmente
dos, tres o cuatro juntos; sus caballos vestían ricas sillas
inglesas o chocontanas, sobre sudaderos de pelo y gualdrapas
extranjeras o de pana negra bordadas con seda; los frenos con rienda
de cuero curtido y frontales igualmente bordados. El pueblo paseaba
en sus asnos en partidas de veinte, treinta o más. Las carreras de
caballos se verificaban en la calle del hatillo( hoy Nariño) o en
la de Manga hoy caldas por ser las más rectas y de suelo parejo.
Entre estas carreras había que distinguir las llamadas carreras de
cintas; a ellas concurrían los jóvenes de posición , los cuales
invitaban a las familias a presenciarlas. El espectáculo consistía
en atravesar en la calle de una acera a otra un cordel fuerte a una
altura mayor que la de un hombre a caballo. En la mitad de la calle
y pendiente del cordel un cuadro de madera de un poco más de media
vara de largo por un poco menos de ancho; uno de los lados del
cuadrilátero se cierra con una varilla fuerte y delgada en la que
se engarzan 10 o 12 carretes, capaces para envolver cintas de
diversos colores, en las cuales se han escritos pensamientos
elogiosos o amorosos .En plena carrera el caballo y provisto el
jinete de una varita delgada y fuerte, debe introducir en un aro
pequeño que va adherido al extremo de la cinta, la cual se
desenrolla y el corredor va a ofrecerla a la dama de sus amores o a
persona de su estima.
No podríamos descontar en estas fiestas las riñas de gallos
habidas en los cuatro días de aquellas tardes, herencia que nos
dejó en la sangre el aventurero español.
La nota más aguda en las fiestas de navidad se daba en los bailes.
Allí todo era solemne y ceremonioso. Los caballeros debían ir
vestidos con pantalón y levita o frac negros; las señoritas con
riguroso traje largo hasta cubrir el calzado, descotadas y manga
corta siendo esta la única vez en que les era permitido lo último,
y el guante que era indispensable.
A principios del siglo pasado (1820) usaron las señoras el
miriñaque, estorboso por lo enorme y a fines del mismo, cambiaron
por el polizón, el cual desfiguraba a la mujer por detrás, pues
exageraba ciertas partes hasta hacerlas inverosímiles; con este
vino el torturante corsé, aparato hecho con varilla de metal y
barbas de ballena, el cual por medio de cordeles había de ceñirse
el talle hasta convertirlo en cintura se avispa o de hormiga. Al
principio se bailaron contradanzas y minuteos, y uno que otro vals
marcial; más tarde a fines de siglo (1890) ya se introdujeron el
pasillo la polka, la mazurca, el lento vals marcial, la danza dulce
y tristona y aún el vals ligero llamado entonces strauss, porque
los componía y puso en uso un gran músico alemán de este apellido
.
La clase media aunque con menos exigencias que la anterior,
correspondía en sus bailes con esta en cultura, respeto, atenciones
y elegancia en sus mujeres.
El pueblo todavía era adicto a la música; las cumbiambas y las
gaitas eran su deleite. Aquellas se verificaban en la plaza
principal ; en el frente de las casas que formaban el marco de la
plaza construían lo que entonces llamaban barrancas las cuales
servían para la venta de toda clase de bebidas y comidas, y en
ellas encontraba el asistente el trago o los tragos para mantener el
entusiasmo y el sancocho de gallina, el pollo al horno, el pernil de
cerdo, la ensalada de papaya y demás comestibles para saciar el
apetito abierto por aquellos. Los bailadores formaban dos o tres
círculos concéntricos, lo que constituía un infierno por el calor
que despedía la quemazón, a la vez de 200 o 300 paquetes de velas.
Estos eran amarrados con pañuelos de seda en lotes de ocho, diez o
doce, las cuales sostenía la mujer con la mano derecha, pues la
izquierda la daba al bailador.
La fiesta de navidad terminaba con una múltiple caravana de ciento
o más bestias cuyos jinetes cantaban entono quejumbroso la ida de
la pascua. Uno de ellos entonaba una estrofa doliente y el coro, de
los demás contestaba con un estribillo el mismo tono lastimero: La
Noche buena se viene, la Nochebuena se va, nosotros nos iremos y no
volveremos más . Muchachos lloren la pascua, que ya la pascua se
fue.
La Semana Mayor era fiel expresión compasión, de verdadero
recogimiento en memoria de los sufrimiento y muerte de nuestro
Señor. En el jueves y viernes santo había un exceso de penitencia.
Era tan exagerada la devoción, que en los hogares se prohibía
barrer los pisos y asear los muebles durante los dos días: nadie
hacia uso del baño, todas estas cosas ofendían al Señor o
distraían la oración. A nadie se le ocurría montar en una bestia
porque era sacrilegio; mucho menos ir a las hacienda, fincas o
rozas. Pues había el peligro de encontrar en las encrucijadas del
camino con el penitente que azotaba sus propias carnes con un
zurriago que tenía clavos en la punta. Y había quien aseguraba
haber visto en el camino al propio Jesús arrodillado bajo un árbol
de olivo, en actitud dolorosa como en el huerto del mismo nombre en
Jerusalén. Las comidas propiamente, eran frías ya por que fueran
hechas anticipadamente, ya porque se compraran en conserva y la
razón no era otra que la de ser prohibido prender el fuego del
hogar. Las procesiones eran solemnes, a ella asistían toda persona
cristiana sin reparo de rango, se distinguían por el respeto sin
atropellamiento de multitudes pues toda persona hacia parte de ella;
nadie podía vestir de color que no fuera significativo de duelo; el
recorrido era el mismo de las procesiones actuales y los pasos
entraban a la iglesia a las dos o tres de la mañana. Los sermones
eran un verdadero recuerdo de los autos sacramentales de la antigua
España; en ellos tomaban parte pregones, trompetas, soldados
romanos los amigos de José Aritmatea y Nicodemos para hacer el
descansó del Cuerpo Sagrado, y otros personajes que hubieron tomado
parte en la Pasión de Nuestro Señor. La misa del sábado era de
riguroso duelo, y solo cuando las campanas se echaban a l vuelo y
los coros cantaban el Gloria in exelsis Deo, eran permitidas las
diversiones populares. Esa noche y la siguientes las clases altas
tenían bailes y el pueblo sus cumbiambas.
Las fiestas de San Antonio y la de Nuestra Señora de las Mercedes
han cambiado muy poco en cuanto a la parte religiosa; pero sí en
algo en cuanto a la profana. Antiguamente duraban tres días cada
una de ellas; había toros en la mañana y tarde y regocijos de toda
clases en las noches.
FIESTAS TAURINAS: ¡ Cómo añoramos la fiesta brava del lejano
ayer!. Evocamos las costumbres y el sentimiento que de ellas nos
legaron nuestros abuelos y padres. Durante los días de su
celebración, no había actividad en el pueblo y en nuestros hogares
que no tuviese relación directa con el desarrollo de la misma.
Desde las primeras horas del día, el ambiente era eminentemente
taurino ¿ Quién de nosotros no recuerda con nostalgia, pero con la
satisfacción interior de por haberlo vivido, el despertar del día
de las Mercedes al escuchar el ruido de los cascos de aquellos
animales que arrastraban los materiales para la construcción de la
carraleja ?. ¿ Quién no trae a la memoria aquellos chalanes que
acompañados la mayoría de las veces por el ganadero de turno,
recorrían nuestras calles en hermosos caballos prendiendo un
ambiente de alegría y presagiando una gran tarde de toros?.
En aquellos tiempos, nuestras fiestas estaban cimentadas en la
entrega, el coraje, el valor y arrojo de los manteros, banderilleros
y garrocheros; en el entusiasmo que compartíamos niños,
adolescentes y adultos, pero sobretodo, en la gran afición del
ganadero, quien se preocupaba por llevar al ruedo los toros bien
presentados, con trapío y la edad mínima por la importancia de la
plaza.
La hora del Inicio de las Corralejas, era otro pilar fundamental del
grandor de nuestra fiesta. Cuando se celebraban en la plaza
Cristóbal Colón (actual plaza mejía), en la calle 20 desde la
carrera 13 hasta la 10, eran construidas en caña brava, madrinas,
bejucos, y las casas servían de cerca, también se hicieron en
otras partes ya que estas variaban de lugar cada año; podemos
mencionar otras calles como son: Acevedo Gómez, Avenida Bolívar,
Avenida Bogotá, Avenida Ribón. Los ganaderos de la época como don
Máximo Cepeda, Pedro Álvarez, Pedro Armengol Cuentas, Juan Castro,
Anselmo Hoyos, Marceliano Cuentas, El Nolo Vargas, Vicente Peña y
Gregorio Goyo Peña entre otros, estaban unidos para el inicio de
estas fiestas, eran los encargados de organizar las festividades.
A las doce del medio día, los hombres de a caballo, con el negro el
Concio a la cabeza se dirigían rumbo a La Granja en busca de los
toros que por sus propios medios entraban a la plaza bajo el tañer
de las campanas, instrumentos de Bandas musícales y explosión de
jubilo y pólvora.
En todas las capas sociales, el carnaval se iniciaba el 20 de enero,
día de San Sebastián. En ese día se escogían los presidentes
(para ese entonces todavía sonaba mal la palabra rey). Se
improvisaba un baile , generalmente en la casa de la presidenta
escogida. En la clase media, desde este día , se apresaba, dando
toques de corneta, a todo forastero que llegara a la población,
hasta pagar una multa que le imponía la presidenta; en caso de no
hacerlo, el castigo consistía en colgarle por debajo de los brazos
con una cuerda pendiente de un aparato parecido a la horca francesa
y formado por dos fuertes palos del árbol llamado varasanta,
productor de hormigas valientes, los cuales tenían de ocho a diez
metros de larga. Bien enterrados, en la parte superior estaban
unidos por un travesaño del que pendía una polea, y de esta la
cuerda para suspender al infractor.
Los salones de baile, para todas las capas sociales, eran más o
menos rudimentarios; basta saber que s construían en mitad de la
calle. Eran enramadas de 25 a 30 varas de larga por 10 o 12 de
ancho, cubiertas con palma y cercadas hasta la altura de un poco
más de un metro; un trono para los presidentes y todo esto adornado
con papel de colores y algunas baratijas más. El piso de barro
pisado, el alumbrado, comparado con el de hoy era penumbroso , se
producía con velas de esperma dentro de su correspondiente
guarda-brisas, o arañas que sostenían cuatro lámparas de
petróleo. Pero con todo, en los bailes rebozaba la alegría, las
damas sostenían la animación con diversas comparsas de disfraces
muy elegantes, vistosos y significativos.
Los bailes se iniciaban el domingo en la mañana; para llevarlo a
efecto, al son de una música se verificaban lo que se llamó paseo
de pintura; se recogían las damas que habían de asistir a los
bailes nocturnos, se les pintaba el rostro con materias secas
colorantes y los vestidos con anilinas en forma líquidas,
generalmente perfumadas. Esta costumbre, peligrosa muchas veces por
sus efectos, era empleada en toda la fiesta y por todas las capas
sociales. Los bailes se verificaban con gran animación en las
noches del domingo, lunes y martes y se repetían el sábado y
domingo siguiente. En las clases alta hubo muchas veces lo que se
llamó baile de piñata. En uno de los dos bailes de repetición se
elegían dos o tres caballeros de los más pudientes para que uno de
ellos, a la suerte diera este baile. Al efecto se les vendaba uno a
uno y en mitad del salón se colgaba la piñata, que consistía en
una olla de barro la cual se llenaba de confitería y otras
golosinas, a más de algunas palomas que volaban al verse libres.
Dando palo de ciego el que rompía la piñata daba el baile.
Por las calles un abigarrado conjunto de disfraces se divertía y
divertía al público durante los tres días, sin ninguna otra
presentación. Las danzas eran numerosas y cada una de ellas
procuraba que las muchachas que actuaran fueran las más hermosas
del pueblo; Había competencia de belleza y es claro, aquí si
había a más de la diversión, un fin utilitario.
La fiesta del carnaval terminaba con la conquista en la plaza de San
Antonio. Allí se reunían todas las danzas el miércoles de cenizas
en la tarde: indios bravos y farotos, diablos cucambas, los doce
pares de Francia la conquista de los españoles, mariposas,
gallinazos, negros del toro con su tradicional yegüita , etc.
Trescientas o cuatrocientas personas que comprendían las danzas y
dos mil, lo menos en los espectadores, llenaban la plaza. La
conquista era una especie de resurrección de los juegos de escarnio
de la antigua España: Los indios bravos en crecido números
representaban a los indígenas un grupo de jinetes al conquistador
en combate figurado, estos le arrebatan a aquellos las coronas,
flechas y aún las cacicas; al fin los vence y los llevan a
presencia de la presidenta reina, ante la cual se arrodilla y les
bautizan.
Don Gabriel Martínez Salcedo, barranquillero que como hemos dicho
anteriormente vivió y se casó dos veces en esta ciudad, persona de
buen gusto en asuntos sociales mejoró en mucho los bailes de
carnaval. Comenzó por hacer los salones, no en la calle como
venían haciéndose, sino en solares o patios de las casa de
familia, suprimió los techos de palma que tan mala vista hacían y
los reemplazó con esteras de eneas que les daban mejor aspecto, los
adornó con telas de colores que daban más artística
presentación. Más tarde fundó el club Sabanalarga, en la antigua
casa situada en donde está hoy la de don Enrique Salazar Romay
.eran miembros de él veinticinco o treinta caballeros casados, los
cuales asistían todas las noches a charlas las cosas del día, a
jugar billar, dominó y alguna que otra cosa honesta. El club se
propuso dar un baile el día 20 de enero en su primer aniversario, y
para efecto construyo un lujoso salón en el patio de la casa que
hoy ocupa la señora Francisca Hoyo Cepeda Fue el primero que tuvo
cielo raso de tela blanca y de este color todos sus adornos. Era
condición indispensable que las esposas de los socios llevaran
igualmente vestidos blancos; cosas del tiempo. A pesar de que este
baile era en honor delas esposas de los socios, fueron invitadas
todas las familias de bien de la ciudad. De este baile vino una
innovación : las señoras casadas podían bailar con las solteras,
cosa mal vista hasta entonces pues a aquellas desde el día de su
matrimonio les era vedado danzar en brazos de un hombre que no fuera
su esposo.
Había otra clase de fiesta que podríamos llamarla menores y muy
típicas del pueblo: Los velorios de cruces los sábados y domingos
del mes de mayo. En estas noches se verificaban cinco, seis u ocho
al mismo tiempo. Los dueños de estas fiestas los mayordomos, los
cuales tenían que sufragar los gastos en dinero, si eran hombres y
en chicha u otra bebida refrescantes si eran mujeres; había jarana
las dos noches.
En los días de San Juan y San Pedro también tenían maneras
particulares de divertirse. A todos los Juanes y a todos los Pedros
se les llevaban felicitaciones con música; natural que de ahí
saliera el baile o por lo menos el trago la fiesta de San Pedro
tenía un aditamento: la de capitación del gallo de San Pedro. Se
enterraba un gallo vivo no dejándole a fuera sino la cabeza y el
pescuezo; los jugadores vendados uno a uno, debían acertar a
cercenarle la cabeza de un solo tajo de machete; quienes no lo
conseguían perdían el valor del gallo, el que acertaba se lo
ganaba.
Muy pintoresco es lo que antiguamente se llamó gavilanes. Era un
remedo del calpulli azteca o del ayllu incaico. Lo formaban
cincuenta o sesenta campesinos que ponían en práctica el principio
Todos para uno y uno para todos. En los meses de mayo y julio,
época de limpiar las sementeras, todos concurrían en un día
determinado a limpiar la rosa de uno de ellos, luego la de otro, y
así sucesivamente. Por la tarde, después del trabajo entraban
todos a la población montados en sus asnos, con banderas o ramos en
las manos, y al son de una flauta o caramillo y un tambor, paseaban
las calles cantando determinado son, el que coreaban con el
siguiente estribillo: Pío, pío, pío, señor gavilán . Al dueño
de la sementera se le permitía la distinción de llevar en lugar de
bandera, un paraguas adornado con cintajos panes y hasta billetes de
banco y además ir montado en caballo en lugar de burro.
Hasta hace medio siglo (1900), poco más o menos existieron algunas
costumbres en cuanto ceremonias después de ocurrida la muerte de
una persona. Seguramente, en ellas había mucho del ancestro
indígena y aún del español pues este también tenía sus
supersticiones. Algunas de dichas costumbres, por buenas han debido
perdurar, otras por malas, están muy bien olvidadas. Con las
primeras queda demostrada la sana confraternidad que entonces
existía en la población, el empleo de las segundas era volver a la
barbarie.
Había diferencia en las ceremonias, según que el muerto fuera un
adulto o un niño. Al expirar la persona, lo primero que hacia era
bañarla con agua muy cargada de zumo de limón; si era hombre se le
cortaba el cabello y se le afeitaba. En todo caso, se les ponía sus
mejores vestidos y buen calzado como si fuera para un acto solemne.
El cadáver no era colocado inmediatamente en la caja mortuoria,
sino que se le tenía expuesto en una cama de tijera a la cual se le
había quitado el lienzo y se sostenía abierta por medio de
cordeles transversales de los barrotes. Sobre este tejido se ponían
ramas tiernas de mataratón para conservar una temperatura baja (no
existía todavía el hielo artificial) se vestía la cama y luego se
colocaba el cadáver.
En el entierro, los asistentes precedían el cadáver formando
calle, y cada cual llevaba en la mano una vela encendida;
generalmente le precedía una banda de músicos al compás de una
marcha fúnebre.
El duelo, el cual duraba un mes, era naturalmente un gran problema
económico; los parientes cercanos y aún los más o menos lejanos
se mudaban a la casa de los dolientes durante el tiempo de la
duración de aquel; por el día las comilonas, por la noche
tertulias, rezos y murmuraciones. Esto traía sin duda la ruina de
muchos hogares pobres, si no hubiera sido porque el mal traía su
remedio: todas o casi todas las familias del lugar enviaban, durante
el duelo, regalos costosos, ya fueran en dinero, en alimentos o en
útiles de los necesarios para atender aglomeraciones de gente. Una
costumbre típica digna de anotarse era la de la colocación de un
vaso de agua lleno detrás del Cristo que presidía los rezos, con
el objeto de que el alma del difunto apagara la sed cuando sintiera
este deseo; por supuesto que nuestra alta temperatura se encargaba
del milagro por medio de la evaporación.
Parece sí, que en esos tiempos la sensibilidad individual hubiera
estado más arraigada en el espíritu de los pobladores del lugar.
El recogimiento de aquellos a quienes sucedía el deceso de un
familiar era por mucho tiempo; la muerte de una persona apreciada
era suficiente para suspender una fiesta, aún siendo ella la de
navidad.
Cuando el muerto era un niño, variaba mucho el criterio del pueblo,
entonces era un verdadera fiesta, era una odiosa profanación del
sentimiento, era un bárbaro remedo de los funerales indígenas o
africanos. El cadáver del pequeño duraba expuesto no menos de
veinticuatro horas porque era indispensable su presencia para los
efectos de la fiesta. En un altar, con profusión de flores, se
colocaba el cadáver ordinariamente acostado, en veces sentado en un
asiento pequeño y amarrado a éste. Con palillos, entre párpado y
párpado lograban mantenerles los ojos abiertos ; con una corona de
flores artificiales le adornaban la cabeza. Desde muy temprano de la
noche y en toda ella, los muchachos y muchachas se reunían en
grupos en el patio de la casa al son de cantos y palmoteos, empleado
solo para estos actos, bailaban de dos en dos en el centro de los
ruedos, danzas extrañas que bien podían considerarse exóticas
porque sin duda fueron traídas por indígenas o africanos. En la
sala se verificaba los juegos de prendas: hombres y mujeres, con las
consiguientes risotadas producidas por la variedad y malicia de las
penas aplicadas. En la calle, ocho o diez mesas en donde se jugaba
barajas con el consiguiente grito de los ganadores y la replica de
los perdedores. Era tan aficionado el pueblo a esta clase de
profanación, que muchas veces se llegaba entre los amigos de
parranda a hacer los gastos que ocasionara el velorio en la noche
siguiente, siempre que el cadáver del niño permaneciera expuesto
24 horas más. Esta contradicción que convertía hondo pesar en
alegría extremada, tenía como causa la santa ignorancia de creer
de otro modo el pobre niño, el angelito, subiría triste al cielo.
POLÍTICA. La política ha sido otro cáncer que ha arruinado a la
vida misma de Sabanalarga. No puede decirse que sus luchas en el
siglo pasado las originaron los dos partidos tradicionales. En esta
población no había conservadores; los pocos que podían contarse
eran, unos antiguos bolivarianos establecidos en el lugar, como don
Miguel María Zapata y los Cepedas, otros, porque eran hijos de
sacerdotes, y muy pocos, los venidos de otros lugares, como el
doctor Pimienta de Santa Marta y don Manuel Parada del Piñón. Las
encarnizadas luchas políticas se verificaban dentro del seno del
mismo liberalismo: los Gólgotas o Radicales y los moderados mas
tarde llamados independientes. Había dos familias que por su
posición, instrucción y vocación hacían política en el lugar:
los Manotas, del partido moderado, y los Consuegras, del partido
radical. Sus luchas fueron tan violentas hasta engendrar el odio
personal; fueron los güelfos (partidarios de los papas) y gibelinos
(partidarios del poder temporal) de Sabanalarga. Los Consuegras
primitivos, unos murieron, otros salieron de la población a ocupar
puestos elevadísimos de la Nación, pero quedaron los descendientes
y estos continuaron la lucha. Entre los últimos se distinguieron
los Salazar Mesura de gran importancia por su inteligencia e
ilustración.
En el año de 1884, el doctor Rafael Núñez, presidente de la
republica y jefe del independientismo, declaró abolida la
constitución que el partido Liberal se había dado en el año 1863.
El liberalismo fomento la guerra que comenzó en Diciembre de 1884 y
el Conservatismo apoyó a Núñez. Pasó entonces una de esas
sorpresas que a menudo nos ofrece la política: los independientes
de Sabanalarga se apartaron de Núñez y se fueron con la
revolución y los radicales apoyaron al gobierno. Este, triunfo
sobre la revolución y de la coalición conservadora-liberal se
formó el partido Nacional. En esta liga el partido Conservador
entró todo, del Liberalismo solamente una fracción; del
Independientismo, aquel pues, absorbió a esta, y así se verifico
el primer desliz hacia el conservatismo en este lugar y en toda la
República.
Este deslizamiento tuvo importancia relativa, pues solo
contribuyeron a él, los jefes y amigos que seguían a estos; el
pueblo no se dio por entendido en estos movimientos y se conservó
liberal. Pero pasados algunos años vino el segundo deslizamiento,
de más importancia en la cantidad pero no en la calidad. Se
acercaban unas elecciones y los conservadores que se sentían flacos
en número adoptaron una medida heroica: ofrecer al pueblo
agricultor la posesión de las tierras de San Jacinto, entonces en
pleito, siempre que consignaran sus votos a favor del conservatismo.
Una vez conseguido, el mismo pueblo se encargo de destruir, en la
noche, las cercas de las haciendas y fincas ubicadas en el lobo de
tierra, y así quedaron libres mas de tres mil hectáreas de
terreno, perdiéndose una riqueza enorme en el valor de las fincas,
y ganando el partido conservador trescientos o cuatrocientos fieles.
Pero este error de apreciación no fue privativo del conservatismo,
pues en otra elección, los liberales ofrendaron a cambio de votos,
la posesión de las tierras de Maná, también en pleito, sin
sentencia definitiva. Hachas, machetes y alicates se traían por
mayor clandestinamente, para la destrucción de la riqueza efectiva.
En dos o tres noches se destruyeron las cercas de fincas y haciendas
de valores incalculables. Hoy tanto estas tierras como las
anteriores, las cuales ocupan el sur de la ciudad con un fondo de
cinco leguas, están desocupadas, son impropias para la siembra,
pues el agricultor no resiste el gasto de la limpieza del fruto
porque el pasto natural se produce en una desproporción
desesperante. El sostenimiento y engorde de cinco mil reses se
pierde anualmente, sin beneficio para industria pecuaria y mucho
menos para el tesoro municipal y los habitantes en general.
LA COMPAÑÍA AZUAGA Y EL ABANDERADO DE BOLÍVAR.
Aunque la relación de los siguientes sucesos quedan fuera de lugar,
pues habrían quedado mejor en la parte cultural, no queremos que
pasen inadvertidos porque ellos forman parte interesante en la
historia del lugar.
Cuatro o cinco años antes de terminar el siglo pasado (1895), vino
a esta ciudad la compañía de dramas y comedias de don José María
Azuaga. En aquella época en que el cine todavía no había matado
el gusto por el teatro, esta compañía era de las mejores que
recorría la América Central y la del Sur. Por motivos de salud de
algunos de sus componentes, vinieron a este lugar desde Barraquilla
en donde estaban actuando. El eje principal de la compañía lo
formaban don José María, su esposa, tres hijas, Altagracia y
Refugio para los papeles dramáticos y Leonor para los líricos, y
Arcadio, inteligente y dramaturgo actor.
El resto lo formaban asalariados del oficio. Dieron las primeras
funciones en el patio cerrado de la casa de los herederos de doña
Helena de Llinás, pero el local resulto incapaz para contener el
público, por lo que construyeron un teatro provisional en el solar
de la casa que hoy ocupa la cooperativa algodonera, en la cual
Vivían, y dieron funciones durante todo el año 1896.
En este tiempo Arcadio conoció en una barriada de la población a
un hombre de longevidad centenaria, el cual vivía de la cariada
publica. Este le contó su vida: era venezolano, había sido soldado
de la independencia, Bolívar mismo la había hecho abanderado de
los ejércitos; dio cuenta de las campañas a que había asistido y
los jefes que las mandaban; las marchas y contramarchas, las
victorias y las derrotas. Azuaga, que era cronista de El Comercio de
Barranquilla, periódico del doctor Salazar Mesura, público en el
la relación del viejo Mendoza, la cual produjo interés general.
Pero a pocos días murió el viejo abanderado, y al saberlo Azuaga,
amante este de todo acto patriótico y heroico en beneficio de la
independencia de un país, siendo así, que el suspiraba por la de
Cuba, su patria, todavía cautiva, reclamo de las autoridades los
honores a que tenía derecho aquel prócer. En efecto, se hizo traer
el cadáver a la Alcaldía, paso la noche en cámara ardiente,
envuelto el féretro en el pabellón nacional, los ciudadanos
notables hicieron guardia por turnos toda al noche y a la mañana
siguiente se hizo el entierro, el cual resulto apoteósico gracias a
las actividades de Azuaga.
SUCESOS TRÁGICOS: Entre Los habitantes de Sabanalarga nunca había
inclinación al matonismo. Se discute sobre Política, Religión,
sobre buenos o malos procederes pero sin llegar al personalismo; al
día siguiente de una elección, no obstante le efervescencia de los
ánimos del día anterior, se puede decir con toda sinceridad: aquí
no ha pasado nada.
Mediando lapsos muy largos, se han verificado sucesos de muerte, que
por lo raro consternan a la sociedad, pero ninguno o casi ninguno ha
sido por el deseo de matar: siempre ha habido alguna circunstancia
que precipitara acontecimiento.
Probablemente antes de la administración del general José Hilario
López, en que fueron abolidas la esclavitud y la pena de muerte,
fue fusilado en éste lugar un individuo cuyo nombre no sabemos,
pero que se le apodaba El Padre Nene.Se sabe que no era natural de
la ciudad y que había cometido toda clase de crímenes atroces:
Homicidio en hombres y mujeres, robos, abuso de honestidad. En una
especie de playita desértica que había en el camino de la fuente
de la ají, la cual hoy a quedado frente al nuevo edificio del
hospital, se levantó el banquillo en donde fue fusilado este
desgraciado. Desde entonces el lugar tomó el nombre de Los
Banquillos.
El último tercio del siglo pasado (1875) vino de Cartagena a ésta
ciudad don Casimiro Calvo, hermano del doctor Bartolomé Calvo y
tío carnal de los señores Cepeda Calvo. En compañía de algunos
amigos se entretenía en un juego de cartas, disgustó con algunos
de los jugadores y parece que hubo amenazas y se cumplieron hechos,
pero no de tal gravedad para que tuvieran como resultado tan fatales
consecuencia. UN informante oficioso llevó a la casa del individuo
dicho, la noticia de que Calvo había dado muerte a éste. Los
parientes amigos y vecinos se armaron de machetes y fueron en busca
del supuesto matador. Las autoridades, que ya tenían noticias del
motín tomaron a Calvo bajo su protección pero en la plaza le fue
arrebato y le dieron muerte con sevicia.
El señor Gabriel Gómez fue muerto sin responsabilidad del matador
éste era alcalde y por la definición de un pleito se vio vejado,
en su propia oficina, por los que se sentían defraudados; el
alcalde hizo uso de arma, pero el proyectil no hizo blanco sino en
el señor Gómez que iba a cierta distancia.
Don Fernando Carbonell Movilla, era hombre pacífico simpático por
su trato jovial, honorable a carta cabal en la noche de un 28 de
diciembre, una partida de muchachos entre los que estaban hijos de
Carbonell, riñeron en plena calle con los de otra familia, pero
como es el caso de Calvo, llevaran un mala información en la casa
de Carbonell, en la cual le decían que habían estropeado
atrozmente a uno de sus hijos. Ciego de ira se armó y fue a vengar
los maltratos hechos al hijo, atacó en su propia casa a los que
creía causante, pero entre los contendores salió un tiro que
desgraciadamente lo mató.
El 5 de octubre de 1915 se verificaron unas elecciones. Don Antonio
María Ahumada Navarro fue miembro de un jurado de votación. El
partido que él representaba obtuvo mayoría de votos en dicho
jurado. Al firmar los pliegos otro miembro del jurado, del bando
contrario, hábilmente los cambió por otros, en los cuales la
mayoría resultaba al revés. El 14 del mismo mes de octubre. se
casó una hija la señorita Delia Rosa Ahumada y por consiguiente
hubo fiesta; el 15 a las once de la mañana salió en busca de
algunos caballeros a quienes había invitado a almorzar con él. En
el camino se encontró con el falsificador y se estableció entre
ellos una lucha cuerpo a cuerpo. Ahumada iba desarmado el otro
portaba un revólver y a quema ropa le disparó dos tiros dejándolo
muerto.
Hace algunos años vivió un señor apellido Calle, el cual se hacia
pasar por médico, su titulo se lo daba la posesión de una
sustancia que tenía la propiedad de contener las hemorragias. Una
vez se le dio de hacer una operación a un niñito que sufría de
hernia los padres de éste convinieron en la operación creyendo en
el falso médico. Ebrio de aguardiente, empleó como bisturí una
burda navaja y al cortar el abdomen del niño se salieron todos los
bazos internos y murió. El padre vista la situación de su hijo,
mató a calle de un garrotazo.
Julio de los Ríos era un muchacho trabajador, honrado, simpático
por su carácter alegre. A un barrio de baile asistió él y otros
muchachos de consideración. Cuando ya se había bailado y
consiguientemente se habían libado muchas copas más, se suscitó
una discusión de las muy comunes en estos casos; cada uno es más
rico, cada uno es más valiente que los demás y llegaron hasta irse
los unos contra los otros. Todos creyeron al día siguiente que con
haber dormido un poco había quedado olvidada la discusión y por
consiguiente los efectos que ella pudiera traer. Pero de los Ríos y
su contendor que era otro joven de magnificas condiciones, no
guardaron sus rencores y cada uno pensaba que al encontrarse
satisfarían su venganza. Así fue, se encontraron o se buscaron,
desenfundaron sus revólveres y entre plomo va y plomo viene salió
herido de muerte de los Ríos .
POSICIÓN GEOGRÁFICA: Terminamos estas memorias con breves rasgos
sobre la posición geográfica del municipio de Sabanalarga. La
ciudad está a una altura de 108 mts sobre el nivel del mar y tiene
una temperatura media de 28 ºC. El territorio del municipio tiene
los siguientes límites: por el Norte Baranoa, Polo Nuevo, por el
Sur Manatí, Luruaco, por el Este ponedera y Rió Magdalena, por el
Oeste Usiacurí.
En el año 1908 siendo gobernador el doctor Jesé Francisco
Insignares, natural de Baranoa, hizo modificar con fines
electorales, el limite natural entre este Municipio y el de Baranoa.
Arroyo Grande desde su confluencia con el Río Magdalena, aguas
arriba, era límite natural del Municipio de Sabanalarga, y se
separaba de dicho arroyo en la desembocadura del arroyo chino para
subir por este hasta sus cabeceras, cercanas al arroyo Ajisito,
tributario del chorrito, los cuales servían de limite con el
Municipio de Usiacurí. En el año señalado anteriormente se dio a
los dos Municipios un Limite imaginario y acomodaticio, con el que
se había de segregar el corregimiento de Campeche del Municipio de
Sabanalarga para agregarlo a Baranoa a efecto de engrosar el
electorado de Baranoa.
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